En la celebración, presidida por el obispo de Iquique, monseñor Isauro Covili Linfati, los fieles fueron invitados a descubrir las “montañas” de la vida donde Dios fortalece, renueva y anima el camino de la fe.
18 de julio de 2026
La Tirana

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La mañana del sábado 18 de julio, en el Templo Antiguo de La Tirana, se celebró una Santa Eucaristía junto a los peregrinos que permanecen en el poblado.
Más de 30 fieles participaron de la celebración, presidida por el hermano Isauro Covili Linfati, obispo de la Diócesis de Iquique, y concelebrada por el padre Roberto Palma Miranda.
En su homilía, el obispo reflexionó sobre el llamado de Dios a ponerse en camino, tomando como ejemplo la experiencia de Abraham y el relato evangélico de la Transfiguración del Señor.
“Lo importante es ponerse en camino, pero para eso hay que tener una experiencia significativa en la vida. Abraham nos sorprende porque, siendo mayor, se desprende de mucho y emprende camino”, expresó.
Asimismo, explicó que el episodio de la Transfiguración ocurre mientras Jesús avanza hacia Jerusalén y prepara a sus discípulos para enfrentar el misterio de su pasión. Señaló que el Señor lleva a tres de ellos a la montaña para fortalecer su fe y devolverles la esperanza frente al desconcierto.
“Jesús los invita a esa montaña santa para que descubran que Él es Dios, pero también para que recuperen el alma, salgan de la frustración y del desencanto”, afirmó.
Monseñor Covili destacó que, desde Cristo, nace un pueblo nuevo y una creación renovada, recordando que la montaña, en la tradición bíblica, representa el lugar privilegiado del encuentro con Dios.
“Dios quiere que tengamos montañas donde hemos escuchado a Jesús, donde nos transfiguramos, donde nos sentimos alentados y renovados. La montaña no es solo un lugar geográfico, sino también signo de la presencia de Dios. Cada uno debe preguntarse cuál es la montaña que hay en su vida”, invitó.
Finalmente, el pastor diocesano recordó que la promesa de la vida nueva en Cristo impulsa a vivir con dignidad y esperanza.
“Esta nueva tierra, que es la vida eterna, reclama dignidad. Dios nos salva desde nuestra propia historia y desde nuestro lugar existencial; no sin nosotros, sino con nosotros. Él no nos quita el protagonismo que nos corresponde. La salvación y el amor son gratuitos de parte de Dios, y en Él encontramos una vida transfigurada y desbordada”, concluyó.
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Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique











