La comunidad diocesana se reunió en el Santuario de Schoenstatt de Iquique para celebrar la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. La Eucaristía fue presidida por Mons. Isauro Covili, quien invitó a vivir la fe con esperanza, acogiendo la realidad de la muerte como parte del camino pascual y renovando el compromiso con los más sencillos.
15 de agosto de 2026
Iquique

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La tarde del sábado 15 de agosto, en el Santuario de Schoenstatt de Iquique, los movimientos apostólicos de la Diócesis de Iquique se reunieron para celebrar con fe y alegría la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María.
La Eucaristía, celebrada a las 17:00 horas, fue una celebración sencilla, solemne y muy concurrida, preparada con especial dedicación por los participantes. La Santa Misa fue presidida por Mons. Isauro Covili Linfati, obispo de la Diócesis de Iquique, y concelebrada por el padre Guillermo Fajardo y el padre Antonio, contando además con la presencia del diácono permanente Sergio Fernández.
Durante su homilía, el obispo reflexionó sobre el significado de la Asunción de María y sobre el sentido cristiano de la muerte. “Morir es muy duro. Pero mucho más duro sería no morir. Sólo aquel que acepta la muerte puede vivir en plenitud”, señaló, destacando que para el cristiano “morir es dar la vida”.
En este sentido, recordó que María, al culminar su camino, participa de la gloria de Cristo, su Hijo, convirtiéndose en signo de esperanza para toda la humanidad. La Asunción manifiesta así el destino al que está llamada la persona humana: ser elevada en cuerpo y alma a la gloria de Dios, entendida también como comunión de vida, justicia fraterna y encuentro entre hombres y mujeres.
El obispo invitó además a los fieles a “elevar el corazón al cielo” y a aprender a vivir también la realidad de la muerte desde la fe, recordando que la vida cristiana es una vida pascual, llamada a dar frutos de vida nueva y a abrir caminos de renovación.
Asimismo, animó a la asamblea a continuar avanzando por un camino sinodal y de compromiso con los más sencillos de la tierra, poniendo la vida cristiana al servicio de quienes más lo necesitan.
Finalmente, Mons. Isauro Covili llamó a creer profundamente en la fuerza liberadora de Dios, que sostiene la esperanza de los pobres. En esta línea, destacó que las verdaderas transformaciones de las personas y de la sociedad muchas veces nacen desde quienes no tienen poder, tal como lo proclama María en el Magníficat: Dios se manifiesta en medio de los pequeños y de quienes ponen su confianza en Él.
La celebración concluyó en un ambiente de fraternidad y esperanza, fortaleciendo la fe de los movimientos apostólicos y de todos quienes participaron de esta solemnidad dedicada a María, Madre y discípula, signo de esperanza para el pueblo de Dios.
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Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique
Fotos: Cosas de Iglesia











