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El Papa: No reducir la misa dominical a una reunión pasiva o virtual, santificarla con una presencia viva

El año litúrgico y su importancia en la vida del creyente es el tema tratado por León XIV en su catequesis de la Audiencia General de este miércoles, en la Basílica de San Pedro: Marcado por los domingos, con la celebración semanal de la Pascua, el ciclo anual de las celebraciones cristianas es pedagogía de la historia de la salvación, anticipación de la gloria futura, es el tiempo donde se entrelazan la fe y la devoción de la Iglesia.

12 de agosto de 2026

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León XIV dedicó su catequesis de este miércoles, 12 de agosto, al año litúrgico, contenido en el quinto capítulo de la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, poniéndo de relieve que a lo largo de los años, el ciclo de celebraciones cristianas se ha convertido en un modo de actualizar la obra de salvación de Cristo en la historia, de hacer visible la comunión de los creyentes con el Señor, de dar testimonio de su pertenencia a Cristo y de su fidelidad a la Iglesia.


Retomando su ciclo de catequesis dedicadas a los documentos del Concilio Vaticano II, el Papa, ante unos cinco mil fieles reunidos en la Basílica de San Pedro, abrió su reflexión recordando que el término de “año litúrgico” para definir la sucesión anual de las celebraciones cristianas se extendió en el lenguaje eclesial por el Siervo de Dios, el abad Prosper Guéranger, en el siglo XIX, y desde entonces, ha sido definido y explicado a lo largo de los magisterios pontificios.


Una actualización de la obra de salvación que Cristo

El Santo Padre toma algunas afirmaciones del Papa Pio XII en la encíclica Mediator Dei, en las que sostiene que el año litúrgico “no es una representación fría e inerte” del pasado o la “recreación de una realidad de otros tiempos”, sino que es “Cristo mismo que persevera en su Iglesia” y prosigue su “camino de misericordia” con el fin de que “las almas de los hombres se pongan en contacto con sus misterios” que están presentes y obran constantemente. Y agregó:


“El año litúrgico debe entenderse como constante actualización de la obra de salvación que Cristo realiza en la historia. A lo largo de este ciclo temporal, la Iglesia permanece en contacto con la acción redentora del Señor, para que puedan los fieles llenarse de la gracia de la salvación”.


El acontecimiento pascual en el centro

Para el Pontífice, el encuentro con Jesús que murió y resucitó por nosotros, es el fin que la Iglesia persigue y el centro de cada celebración. De allí que los padres conciliares, explicó el Papa, colocaran como fundamento del año litúrgico el domingo, el “dies Domini”, “el día del Señor”. Y es precisamente, San Juan Pablo II, que en su Carta apostólica Dies Domini enseña que el domingo es el día del Señor, el día de la Iglesia, el día del hombre y, por último, “el día de los días”, al ser el domingo, la Pascua semanal.


En este contexto, León XIV afirmó que “para santificar el domingo es indispensable celebrar la Eucaristía”, ya que la escucha de la Palabra y la participación en el Cuerpo de Cristo implica, según los Padres conciliares, la convocación festiva de los fieles. Una asamblea, insiste el Santo Padre, donde la comunidad cristiana hace visible su comunión con el Señor y da testimonio de su pertenencia a Cristo y de su fidelidad a la Iglesia. Pero además, un momento de comunión que, para el Papa, debe hacerse accesible también a quienes "no tienen la posibilidad de ausentarse del trabajo".


Esta asamblea no puede sustituirse por una presencia meramente virtual, ni se reduce a una reunión meramente pasiva. La asamblea litúrgica se realiza, en efecto, en la participación activa de hermanos y hermanas, convocados juntos para que ‘den gracias a Dios, que los hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos’.


La pedagogía de la historia de salvación

Más adelante, el Pontífice relató brevemente cómo cada celebración se fue añadiendo al año litúrgico en una historia en la que “se entrelazan la fe y la devoción de la Iglesia”: la celebración de la Pascua semanal desde el siglo II d. C; luego la Pascua anual, “la máxima solemnidad”; Pentecostés, la Cuaresma y el ciclo natalicio. Así también la incorporación de la veneración de la Santísima Virgen María, y el recuerdo de los mártires y de los demás santos. Y concluyó:


“El año litúrgico propone así, de forma sacramental, la pedagogía de la historia de la salvación, guiando a los fieles desde la espera del Mesías hasta la plenitud del misterio pascual y la anticipación de la gloria futura. En él, la Iglesia celebra la actualidad salvífica del misterio de Cristo, permitiendo a los creyentes participar en él cada vez más profundamente".


Alina Tufani Díaz


Video:


Fuente: Vatican News

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