En la Pascua de los Negros, el obispo Isauro Covili invitó a dejarse asombrar por Jesús y recordó que “el que ha nacido nos hace libres”, llamando a vivir una fe abierta a la esperanza, la alegría y la paz.
6 de enero de 2026
La Tirana

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La noche del lunes 5 de enero, en la explanada del Santuario de La Tirana, se celebró la Eucaristía de víspera de la Epifanía del Señor, en el marco de la tradicional Pascua de los Negros. La celebración congregó a miles de peregrinos, junto a los bailes de pastores que se reunieron en la plaza del pueblo para celebrar al Emanuelito.
La Santa Misa fue presidida por el hermano Isauro Covili Linfati, obispo de la Diócesis de Iquique, y concelebrada por el padre Eduardo Parraguez, rector del Santuario, y el padre Javier Sáez, vicario pastoral de la Diócesis, acompañados por el diácono Sergio Fernández y otros sacerdotes. También estuvieron presentes los alférez de este año, la familia Cabello Cáceres.
Durante la homilía, el obispo Isauro invitó a la asamblea a contemplar el misterio de la Epifanía desde la experiencia del caminar y la peregrinación, señalando que los Reyes Magos “nos hablan de hombres que se dejaron asombrar por la noticia de este niño que ha nacido”. En este contexto, destacó que Dios nunca ha abandonado a su pueblo, sino que lo ha acompañado siempre, y que en el Niño Jesús se renueva el amor infinito y misericordioso de Dios, abriendo nuestra vida a lo eterno.
El pastor diocesano subrayó que la fe cristiana no es una experiencia cerrada, sino una vida abierta a la esperanza y a la alegría profunda que brota del Evangelio. “Este niño seguirá siendo una buena noticia”, afirmó, invitando a los fieles a anunciar esta alegría a quienes aún no conocen esta fuente de vida. Asimismo, llamó a conjugar los verbos de los pastores —ver, oír y creer— como una dinámica fundamental para anunciar a Jesús hoy.
En su reflexión, el obispo destacó el significado teológico y social de la Pascua de los Negros, recordando que durante la época colonial el 6 de enero era concedido como día libre a los esclavos africanos, quienes celebraban al Rey Mago Baltasar. En este sentido, señaló que esta fiesta es también una celebración de la libertad, la dignidad humana y la herencia afrodescendiente, una fe nacida en la esclavitud y transformada en expresión religiosa de identidad y liberación. “El que ha nacido nos hace libres”, expresó.
El obispo también hizo un llamado a trabajar siempre por la paz verdadera que trae el Niño Jesús, una paz fundada en el amor, la fraternidad y la justicia, recordando las palabras del Papa León XIV: “La paz de Jesús resucitado es una paz desarmada y desarmante”, e invitando a orar por los pueblos que sufren a causa de la guerra y la violencia en distintas partes del mundo.
Al momento del ofertorio, desde el centro de la plaza, los Reyes Magos avanzaron hasta el altar, uniéndose simbólicamente a la ofrenda de los magos de Oriente que siguieron la estrella de Belén. Tras la comunión, y a pocos minutos de la medianoche, el obispo levantó en alto la imagen del Niño Dios y la llevó hasta el centro de la plaza, donde recibió el saludo de los bailes de pastores, que realizaron la tradicional ronda en un clima de fervor y alegría.
De regreso en el altar, la comunidad recibió la medianoche con júbilo, mientras peregrinos y bailes pastores, con las manos en alto, saludaron al Niño Dios, renovando una vez más la fe y la esperanza.
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Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique














