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Con invitación a la conversión, parroquia Doce Apóstoles inició el tiempo de cuaresma

Cerca de 200 fieles participaron en la celebración del Miércoles de Ceniza, donde se llamó a vivir este tiempo litúrgico como una oportunidad real de conversión y transformación interior, a través de la oración, el ayuno y la limosna.

18 de febrero de 2026

Alto Hospicio

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La noche del 18 de febrero, en el templo parroquial Doce Apóstoles de Alto Hospicio, se realizó la celebración del Miércoles de Ceniza, dando inicio al tiempo litúrgico de la Cuaresma. Cerca de 200 fieles se congregaron para participar de la eucaristía, que fue presidida por el padre Roberto Palma Miranda, vicario parroquial.


Durante la homilía, el sacerdote invitó a la comunidad a vivir la Cuaresma no como una simple tradición que se repite año tras año, sino como una nueva oportunidad que Dios regala para la conversión personal y comunitaria. Señaló que este tiempo no consiste en ser espectadores del camino de Jesús, sino en recorrerlo junto a Él, con una actitud sincera del corazón.


El padre Roberto profundizó en el sentido de la imposición de las cenizas, recordando las palabras que se proclaman en este día: “Conviértete y cree en el Evangelio” y “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”. Explicó que, aunque son expresiones fuertes, están llenas de esperanza, pues nos invitan a reconocer nuestra fragilidad, a poner los pies sobre la tierra y a recordar que nuestra vida es pasajera y totalmente dependiente de Dios.


Asimismo, destacó que la ceniza es un signo que nos ayuda a reconocer que no somos todopoderosos y que necesitamos volver la mirada al Señor y a nuestros hermanos, especialmente a quienes sufren. En este contexto, insistió en que la Cuaresma debe vivirse desde una transformación interior, evitando prácticas meramente externas o gestos para aparentar santidad, ya que lo verdaderamente valioso se realiza en lo secreto del corazón.


En relación con el Evangelio del día, el vicario parroquial subrayó las tres prácticas fundamentales que la Iglesia propone para este tiempo: la oración, el ayuno y la limosna. La oración nos devuelve al centro y nos recuerda que somos hijos que necesitan dialogar con su Padre; el ayuno nos enseña que no solo de pan vive el hombre y nos ayuda a descubrir aquello que ocupa el lugar de Dios en nuestro corazón; y la limosna nos libera del egoísmo, abriéndonos al hermano que necesita.


El sacerdote también recordó que estas prácticas deben nacer desde lo interior y no ser motivo de ostentación, tal como lo enseña Jesús, e invitó a vivirlas con sencillez y coherencia. En este sentido, animó a la comunidad a que esta no sea “una Cuaresma más”, sino un tiempo distinto, vivido con convicción, reconciliación y deseo sincero de volver a lo esencial.


Finalizada la homilía, se realizó la bendición de las cenizas, que posteriormente fueron impuestas en la frente de los fieles como signo de humildad, conversión y recuerdo de que nuestra vida en la tierra es pasajera. Este gesto litúrgico impulsa a los creyentes a vivir con un corazón sincero y abierto a la acción de Dios.


Tras la bendición final, se hizo entrega de la Caja de la Cuaresma de Fraternidad, iniciativa solidaria que este año se presenta bajo el lema: “Bienaventurados los viejos: porque en ellos habita la memoria, sabiduría y futuro”. Con este signo concreto, la Iglesia invita a vivir los 40 días de Cuaresma poniendo en el centro la dignidad de las personas mayores, reconociéndolas como pilares fundamentales de nuestra sociedad.


De este modo, la comunidad parroquial inició el camino cuaresmal con esperanza, recordando que no se camina en soledad, sino como Iglesia, sostenidos por la gracia de Dios, rumbo a la Pascua, victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte.


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Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique

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