En la Eucaristía por la Jornada Mundial de la Paz, celebrada en la parroquia San Antonio de Padua en el marco de la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, el obispo de Iquique invitó a dejarse abrazar por Dios y a trabajar activamente por una paz verdadera, vivida como tarea permanente y compromiso comunitario.
1 de enero de 2026
Iquique

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La tarde del jueves 1 de enero, en la parroquia San Antonio de Padua, se celebró la Eucaristía con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, en el marco de la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. La celebración reunió a cerca de 70 fieles y hermanas religiosas.
La Santa Misa fue presidida por el hermano Isauro Covili Linfati, obispo de la Diócesis de Iquique, y concelebrada por el padre Benito Tapia Espinoza, vicario general, junto al padre Julio Campos, párroco, además de otros sacerdotes y diáconos de la Diócesis.
Durante la homilía, el obispo Isauro invitó a la asamblea a mirar este tiempo a la luz de las celebraciones recientes, como la clausura del Año Jubilar, el aniversario diocesano y la Navidad, señalando que “debemos pedir la gracia de dejarnos asombrar por Dios”. En este contexto, destacó que en esta solemnidad “se nos regala a María, madre de este niño, y podemos decir que el cristiano nunca es huérfano, porque tiene Padre y tiene una buena Madre”.
El pastor diocesano subrayó que todo lo que se realice durante el año debe orientarse a glorificar a Dios, recordando que el Señor “nos desafía a estar en permanente movimiento, a desinstalarnos para ser peregrinos y anunciadores de esperanza”. En relación con la Jornada Mundial de la Paz, explicó que esta tiene “hermanas” inseparables como la verdad y la justicia, e invitó a dejarse abrazar por la paz, por María, y por los valores del Evangelio.
“El primer movimiento no es nuestro, sino de Dios, que toma la iniciativa y nos abraza. Estamos llamados a dejarnos abrazar y también a comunicarlo al mundo”, señaló, afirmando además que Jesús enseña una “paz desarmada y desarmante”, que exige despojarse, reestructurarse y asumir la paz como una tarea permanente, tanto personal como comunitaria.
El obispo recalcó que cada comunidad de la diócesis está llamada a trabajar activamente por la paz, viviendo valores propios de la espiritualidad franciscana como la desapropiación y la desinstalación, recordando que “el cristiano no puede estar aferrado a los bienes”. Asimismo, invitó a unir el trabajo por la paz teniendo a María como madre, acogiendo “el clamor de la tierra y el grito de los pobres”, realidades que exigen compromiso, formación y una mirada profunda de la realidad.
Finalmente, animó a salir de las lógicas meramente sistémicas para construir una paz verdadera, señalando que “no hay evangelización auténtica si no trabajamos por la paz”, y pidió que María ayude a todos a ser instrumentos de ella, como una tarea y misión permanente, anunciando con alegría al Niño nacido para nuestra salvación.
Antes de la bendición final, el padre Benito Tapia Espinoza invitó a la comunidad a participar el viernes 9 de enero, a las 20:00 horas, en la bendición e inauguración del Centro Pastoral Diocesano. Asimismo, recordó que el lunes 12 de enero comenzará la Escuela de la Fe, a las 19:00 horas.
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Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique














