En una jornada marcada por la devoción y el mensaje de paz, bailes religiosos, eucaristía y reflexión acompañaron a los fieles en su renovación del amor a la Virgen del Carmen, junto al obispo Isauro Covili.
27 de julio de 2025
Iquique

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La noche del sábado 26 de julio, la comunidad reunida en la capilla Cristo Emaús vivió una significativa y fervorosa celebración con motivo de la octava de la Virgen del Carmen, renovando su amor y compromiso con la Madre del Señor bajo su advocación del Carmelo.
La jornada comenzó a las 14:00 horas con la entrada de los bailes religiosos pertenecientes a la Asociación Sur del Carmen y a la Asociación de Cuerpos de Bailes Padre Ramiro Ávalos. Con música, color y fe, los bailes rindieron homenaje a la Virgen durante toda la tarde, preparando el espíritu de la comunidad para la liturgia central.
Cerca de las 22:00 horas se celebró la solemne eucaristía de víspera, presidida por el obispo de la Diócesis de Iquique, hermano Isauro Covili Linfati, y concelebrada por el padre Julio Campos y el padre Carlos Inarejo.
En su homilía, el obispo Covili reflexionó a la luz de las lecturas sobre la misericordia de Dios y el camino de conversión personal y comunitario. Destacó el cántico de María como el cántico de los humildes y de todas las mujeres que, como ella, están abiertas a la vida y a la acción de Dios. “Humilde —dijo— no es cualquiera, sino aquel que se deja asombrar por Dios, que espera en el Señor, y se compromete cada día con la verdad y la dignidad de la persona humana”.
Mons. Covili invitó a los fieles a crecer en la vida de oración y en el amor al prójimo como caminos concretos de evangelización. Recordó además el lema del Año Jubilar, “Peregrinos de Esperanza”, subrayando que la esperanza cristiana se sostiene en la promesa del Señor que volverá. “A pesar de las dificultades, el cristiano —como María al pie de la cruz— permanece firme, traspasado por el dolor, pero lleno de esperanza en la resurrección”, expresó.
En un mundo marcado por la violencia, la inseguridad y el miedo, el obispo animó a los presentes a ser instrumentos de paz, especialmente con los más inocentes y vulnerables que sufren injustamente los efectos de los conflictos.
La celebración culminó con un momento cargado de emoción a la medianoche, cuando los presentes entonaron con alegría el canto a la “Chinita del Carmen” y acompañaron la entrada de su imagen a la capilla Cristo Emaús, en un gesto de fe, amor y renovación espiritual.
Fuente: Comunicaciones San Antonio de Padua




