top of page

Para construir paz y esperanza: Verdad, justicia y reconciliación

Mensaje del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile

11 de septiembre de 2026

CECh

MÁS NOTICIAS

Para construir paz y esperanza: Verdad, justicia y reconciliación

Adultos Mayores festejaron las Fiestas Patrias en la parroquia San José de Iquique

Conferencia Episcopal de Chile presenta su Primera Cuenta Pública Pastoral y Económica

Obispos llaman a renovar la mirada pastoral ante la migración: Superar los prejuicios y caminar hacia una auténtica interculturalidad

Conversatorio en la Universidad Santo Tomás aborda la migración y maternidad con mirada pastoral

Diócesis de Iquique celebró el día nacional del migrante con una multitudinaria misa y muestra cultural

Comunidades de la quebrada de Tarapacá celebran encuentro de Santos Patrones en el Santuario de San Lorenzo

La palabra de Dios formó y renovó el compromiso misionero de la parroquia Espíritu Santo

"Muros que separan, fe que une": Obispos de la triple frontera se reúnen en Bolivia por los desafíos de la migración

El Icono de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro inicia su visita en el marco de los 150 años de los Redentoristas en Chile

Comunidad de Poroma celebró con fe y alegría a sus santos, San Liborio y Santa Rosa de Lima

Miles de fieles de Iquique celebraron la octava de San Lorenzo con fe y devoción

1. El 11 de septiembre es una fecha que suscita divisiones y opiniones encontradas. Sigue presente en nuestra historia y continúa siendo motivo de dolor. Los acontecimientos que lo precedieron y los que le siguieron, marcados por el sufrimiento, la violencia y la muerte, testimonian a lo que conducen las visiones extremas y la fractura de la convivencia nacional.


2. En Chile estamos llamados a mirar el futuro desde la capacidad de entendimiento, propia de una nación con mayores lazos de unidad que motivos de división. La legítima diversidad de miradas no impida reconocer nuestra común pertenencia a la Patria, ni debilitar la voluntad de trabajar juntos por el bien común.


3. Es necesario mantener cercanía sincera y misericordiosa con quienes fueron víctimas de gravísimas violaciones a los derechos humanos, quienes padecieron la muerte o desaparición forzada de seres queridos, y muy especialmente con las familias de los detenidos desaparecidos. La Iglesia no cesará en su compromiso de acompañamiento y la búsqueda de verdad.


4. Para reconstruir la paz social y sanar las heridas del alma nacional, estimamos necesario cultivar con decisión y perseverancia:


• Verdad sobre lo ocurrido: La sociedad necesita conocer los hechos con claridad, honrar la memoria de las víctimas y rechazar la manipulación del pasado. El conocimiento pleno de la verdad no busca alimentar revanchismos, sino erigirse en el fundamento ético indispensable para impedir la repetición de abusos y atropellos.

• Justicia: No puede consolidarse reconciliación auténtica allí donde persista la sensación o la realidad de la impunidad. La justicia debe aplicarse con rigor e imparcialidad para restablecer el orden moral quebrantado, actuando con rectitud y sin dar cabida al odio ni a la venganza.

• Reconocimiento del sufrimiento de todos: Sin equiparar responsabilidades éticas ni jurídicas, ni relativizar los hechos históricos, la sociedad en su conjunto debe acoger con respeto y compasión el dolor de quienes sufrieron violencia, persecución, prisión, exilio y la pérdida irreparable de familiares.

• Perdón y arrepentimiento: El perdón es una de las mayores contribuciones cristianas a la convivencia humana. Perdonar no equivale a justificar el mal cometido ni a exigir el olvido. Significa negarse a convertir el pasado en una cadena perpetua de odio; lo que también requiere apertura al sincero arrepentimiento, reparar el mal y aportar a la verdad. Como insistía San Juan Pablo II: «No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón» (Mensaje para la XXXV Jornada Mundial de la Paz, 2002).

• Renuncia a las visiones absolutas: Los más graves conflictos se desatan cuando los compatriotas dejan de respetarse y pasan a tratarse como enemigos. Ello no supone relativizar la dignidad de las personas, ni justificar los atropellos a los derechos humanos; sino favorecer una comprensión que permita aprender del pasado y evitar se produzcan divisiones que vuelvan al enfrentamiento entre hermanos.

• Instituciones confiables y democráticas: La paz duradera necesita el fortalecimiento del Estado de derecho y sus instituciones: tribunales independientes e imparciales, leyes respetadas por todos, autoridades legitimadas, seguridad pública y procedimientos democráticos dotados de contrapesos para resolver los desacuerdos.

• Una memoria que una: Llegar a una memoria compartida, debe ser un llamado ético a sanar, más que a prolongar los enfrentamientos de ayer y transmitirlos a las nuevas generaciones. Que el dolor nos enseñe a convivir en paz y a cuidar juntos la dignidad de todos.

• Un proyecto común de futuro: Los pueblos se reconcilian verdaderamente cuando enfrentan juntos grandes desafíos del bien común: superar la pobreza y la marginación, proteger a los más vulnerables, educar a la juventud, recuperar la seguridad, generar trabajo digno y robustecer a las familias y comunidades.


Una sociedad reconciliada puede tener profundas discrepancias ideológicas. Lo fundamental es que tales diferencias se encaucen en una amistad cívica sólida: quien piensa distinto no deja por ello ser miembro de la comunidad. La paz, por tanto, no consiste en olvidar el pasado, sino en asumirlo sin quedar prisioneros de él. Aplicado a una nación que ha vivido profundas divisiones significa: verdad sin odio, justicia sin venganza, memoria sin resentimiento, perdón sin olvido y futuro sin exclusiones.


5. Miremos con fundada esperanza aquello que nos une. Trabajemos juntos por nuestra nación, donde cada persona tenga un lugar digno y respetado. Que las legítimas diferencias no deriven en enemistad y que el amor a Chile nos impulse a construir una sociedad más justa, fraterna y reconciliada.


6. Que la Santísima Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, nos cubra con su manto maternal, consuele a quienes han sufrido y aún sufren, e inspire en todos nosotros la vocación de reconocernos y tratarnos siempre como hermanos.


EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE


+ René Rebolledo Salinas

Arzobispo de La Serena

Presidente


+ Ignacio Ducasse Medina

Arzobispo de Antofagasta

Vicepresidente


Card. Fernando Chomali Garib

Arzobispo de Santiago


+ Juan Ignacio González Errázuriz

Obispo de San Bernardo


+ Cristián Castro Toovey

Obispo de Santa María de los Ángeles

Secretario General


Descargar documento:


Fuente: Comunicaciones CECh

BLANCOBISPADO.png

Bolivar 588 - Iquique

572-417697

  • Instagram
  • Facebook
  • X
  • Youtube

 Copyright ©2026 Diócesis de Iquique.

bottom of page