En una Eucaristía presidida por el padre José Guadalupe, integrantes de la Renovación Carismática Católica, Encuentro Matrimonial y Rosario Mundial participaron de una jornada de oración, adoración eucarística y procesión con el Santísimo Sacramento, renovando su llamado a ser presencia de Dios y testigos del Evangelio en la vida cotidiana.
11 de julio de 2026
La Tirana

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La noche del sábado 11 de julio, en el templo antiguo del pueblo de La Tirana, los integrantes de los movimientos de Renovación Carismática Católica, Encuentro Matrimonial y Rosario Mundial participaron en una Eucaristía marcada por la oración, la adoración al Santísimo Sacramento y el llamado a renovar el compromiso misionero.
La celebración fue presidida por el padre José Guadalupe, acompañado por el diácono Jaime Tapia, congregando a numerosos fieles.
Durante su homilía, el padre José Guadalupe invitó a los presentes a convertirse en una auténtica presencia de Dios en medio del mundo, recordando que la fe debe reflejarse en las obras y en el testimonio cotidiano.
“El Señor nos invita a que seamos una bendición para los demás. Yo les pregunto si ustedes en su casa son presencia de Dios. Debemos ser presencia de Dios cuando vamos manejando, en el trabajo y en nuestra familia. Hemos venido a esta tierra bendecida para llenarnos de Dios y permitir que Él obre en nuestros corazones”, expresó.
Asimismo, recordó que la misión del cristiano no consiste únicamente en anunciar el Evangelio con palabras, sino en hacerlo visible a través de la vida. “Somos misioneros. La misión no es solo ir y golpear una puerta, sino llevar a Dios en las obras y en el corazón. Como movimientos eclesiales debemos ser bendición en todo momento. Hay que pedirle al Señor que encienda el fuego en nuestro corazón para llevar ese calor a nuestros hermanos”, señaló.
El sacerdote también animó a quienes experimentan dificultades en su camino de fe a confiar en la misericordia de Cristo. “Si caen, no teman levantarse. Miren al Señor, miren a Jesús y pídanle: dame la mano, levántame, pero dame la gracia de ser bendición”, concluyó.
Tras la comunión, la comunidad vivió un profundo momento de adoración al Santísimo Sacramento, en un ambiente de silencio, oración y reflexión. Posteriormente, los fieles participaron en una procesión eucarística por la explanada del templo, acompañando al Santísimo entre cantos de alabanza, para finalmente regresar al templo y recibir la bendición solemne que puso término a la celebración.
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Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique











