La comunidad vivió con profunda fe la Eucaristía presidida por el padre Javier Sáez, marcada por el llamado al servicio, el signo del lavatorio de los pies y la adoración al Santísimo Sacramento, dando inicio a los días más santos del año litúrgico.
2 de abril de 2026
Iquique

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La noche del 2 de abril, jueves santo, en el templo catedral de Iquique, la comunidad se reunió para celebrar con profunda fe la Eucaristía de la Cena del Señor, dando inicio al Triduo Pascual.
La Santa Misa fue presidida por el presbítero Javier Sáez Gallardo, párroco del templo catedral, acompañado por el diácono permanente Milton Jorquera, junto a una gran participación de fieles que se congregaron para vivir este momento.
En su homilía, el padre Javier invitó a los presentes a reconocer que con esta celebración se entra en el corazón de la Semana Santa, recordando la institución de la Eucaristía en la Última Cena. Destacó el inmenso amor de Dios, manifestado en Jesucristo, quien “amó tanto al mundo que fue capaz de entregar su vida”, e hizo un fuerte llamado a vivir el espíritu de servicio que brota del Evangelio.
A partir del gesto del lavatorio de los pies narrado en el Evangelio de San Juan, el sacerdote exhortó a la comunidad a examinar su propio compromiso cristiano, preguntándose si han sido verdaderamente servidores de los demás, especialmente de los más necesitados. Enfatizó que el verdadero seguimiento de Cristo se expresa en la humildad, la sencillez y la capacidad de ponerse al servicio del hermano, particularmente de quienes sufren, de los más pobres, de los enfermos y de quienes viven en soledad.
Asimismo, invitó a vivir estos días no como un tiempo de descanso, sino como una oportunidad para acompañar al Señor, sensibilizar el corazón y comprometerse con gestos concretos de caridad. “Vivir la Semana Santa es ser servidor del hermano que sufre, es reconocer a Cristo en el más necesitado”, señaló.
Tras la homilía, se realizó el tradicional rito del Lavado de los pies, que conmemora el gesto de humildad y amor de Jesús con sus discípulos. Este signo litúrgico recordó a los presentes el llamado a servir a los demás con entrega y generosidad.
Luego de la comunión, se llevó a cabo el traslado del Santísimo Sacramento al monumento, dando paso a un momento de adoración eucarística. En un ambiente de recogimiento y oración, los fieles acompañaron al Señor, evocando su agonía en el Huerto de Getsemaní, en una expresión de fe, amor y reparación.
De esta manera, se dio inicio al Triduo Pascual, invitando a toda la comunidad a vivir intensamente estos días santos, centrados en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
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Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique











