En un templo catedral colmado, la comunidad vivió una solemne Eucaristía presidida por el obispo Isauro Covili, marcada por su llamado a reavivar la misión, la renovación de las promesas sacerdotales y la bendición de los óleos que acompañarán la vida sacramental durante el año.
1 de abril de 2026
Iquique

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La tarde del miércoles 01 de abril, en el templo catedral de Iquique, la Iglesia diocesana vivió con profunda fe la solemne Misa Crismal, reuniendo a sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y numerosos fieles laicos provenientes de distintas comunidades.
La celebración comenzó a las 19:00 horas en un templo colmado de fieles y fue presidida por el obispo de la Diócesis, hermano Isauro Covili Linfati, acompañado por todos los sacerdotes y diáconos permanentes, en un ambiente de comunión y gratitud.
En su homilía, el obispo dirigió un profundo mensaje al presbiterio y a toda la comunidad, destacando que la Misa Crismal es una ocasión privilegiada para recordar con gratitud el don del sacerdocio, recibido por la imposición de las manos y la oración de la Iglesia, participando así del único sacerdocio de Jesucristo.
A la luz del Evangelio proclamado, inspirado en el texto de Isaías que Jesús hace suyo en la sinagoga de Nazaret, el pastor diocesano recordó que la misión de la Iglesia es anunciar la Buena Nueva a los pobres, sanar los corazones desgarrados, proclamar la libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos. En este sentido, interpeló directamente a los sacerdotes preguntándose cómo están viviendo hoy esa misión en medio del Pueblo de Dios, especialmente en contextos marcados por el sufrimiento, la soledad y la fragilidad humana.
Asimismo, subrayó la importancia del ministerio de la reconciliación, invitando a ser instrumentos de liberación para quienes viven esclavizados por diversas realidades, y a acoger con cercanía a quienes han debido migrar, respondiendo con generosidad al llamado evangélico de la hospitalidad.
El obispo también animó a los sacerdotes a ser portadores de luz en medio de un mundo marcado por la confusión y la oscuridad, recordando que Cristo es la verdad que vence toda tiniebla. En este contexto, los exhortó a reavivar constantemente el don recibido, evitando caer en una vivencia rutinaria del ministerio, y a vivir con humildad, como discípulos que siempre están aprendiendo.
Reconociendo las dificultades propias del ministerio, como el cansancio y el desánimo, los invitó a volver siempre a la motivación original de la vocación, que se encuentra en el encuentro con el pueblo fiel, que sostiene, anima y acompaña a sus pastores.
En un llamado concreto a toda la Iglesia diocesana, el obispo propuso “reavivar el fuego” en diversas dimensiones de la vida pastoral: fortalecer la evangelización más allá de una mera sacramentalización, crecer en la comunión y el trabajo conjunto entre parroquias, intensificar la cercanía con los jóvenes y los adultos mayores, y promover una formación integral que transforme la vida desde el Evangelio.
Finalmente, hizo un urgente llamado a ser constructores de paz en medio de un mundo herido por la violencia, invitando a profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia y a vivir el Evangelio con coherencia, siguiendo el ejemplo de tantos santos y testigos de la fe. Con palabras de gratitud, reconoció la entrega generosa de los sacerdotes en su servicio cotidiano, animándolos a perseverar con alegría y fidelidad.
Tras la homilía, se vivió la renovación de las promesas sacerdotales. Ante el obispo y el Pueblo de Dios, los presbíteros reafirmaron su compromiso de configurarse más íntimamente con Cristo, vivir la caridad pastoral, ser fieles dispensadores de los misterios de Dios y servir con entrega generosa a la Iglesia.
La asamblea también participó activamente, comprometiéndose a orar por sus sacerdotes, acompañarlos en su misión y caminar junto a ellos como discípulos misioneros.
Durante la celebración se realizó la bendición del óleo de los catecúmenos y del óleo de los enfermos, además de la consagración del Santo Crisma, uno de los momentos más solemnes de esta Eucaristía.
Estos óleos, signos visibles de la gracia de Dios, serán utilizados durante todo el año en la vida sacramental de la Iglesia: el óleo de los catecúmenos, que fortalece en el camino de la fe; el óleo de los enfermos, que consuela y sana; y el Santo Crisma, que consagra en el Bautismo, la Confirmación, el Orden sacerdotal y la dedicación de templos y altares. La consagración del Crisma, enriquecido con perfume y signo del Espíritu Santo, fue vivida con profunda solemnidad por toda la asamblea.
La celebración concluyó en un ambiente de alegría y esperanza. Antes de la bendición final, el obispo presentó a los nuevos sacerdotes que se han integrado a la Diócesis.
Asimismo, valoró la significativa participación de fieles provenientes de distintas comunidades, especialmente de la pampa, signo de una Iglesia viva que camina unida en la fe.
De este modo, la Iglesia de Iquique renovó su identidad como comunidad viva, llamada a caminar en comunión, servicio y misión, animada por la fuerza del Espíritu Santo.
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Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique











