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"Allí lo verán": Obispo Isauro llama a volver a la propia Galilea para encontrarse con el Resucitado

En una catedral colmada, la comunidad celebró la noche santa de la Resurrección con la bendición del fuego nuevo, el anuncio pascual y la renovación de las promesas bautismales, en una liturgia presidida por el obispo Isauro Covili, quien llamó a vivir como verdaderos resucitados y testigos de esperanza en el mundo.

5 de abril de 2026

Iquique

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La noche del Sábado Santo, en el templo catedral de Iquique, se celebró la solemne Vigilia Pascual, corazón de todo el año litúrgico, donde la Iglesia conmemora la Resurrección de Jesucristo. En un templo repleto de fieles, la celebración fue presidida por el obispo de la Diócesis de Iquique, hermano Isauro Covili Linfati, concelebrada por el presbítero Javier Sáez Gallardo, acompañados por el diácono permanente Milton Jorquera.


La liturgia comenzó en el atrio del templo con la bendición del fuego nuevo y la liturgia de la luz, signos que marcan el paso de la oscuridad a la luz de Cristo resucitado. Desde allí, el cirio pascual fue llevado en procesión hacia el interior del templo, iluminando progresivamente a la asamblea, mientras se proclamaba: “Luz de Cristo”.


Posteriormente, se entonó el solemne Pregón Pascual, dando inicio a la Liturgia de la Palabra, donde se recorrió la historia de la salvación a través de diversas lecturas del Antiguo Testamento. Estas culminaron con el canto del “Gloria”, momento en que resonaron nuevamente las campanas, anunciando con alegría la Resurrección del Señor.


El Evangelio proclamado, según san Mateo (28, 1-10), anunció la experiencia de las mujeres que, al amanecer, encuentran el sepulcro vacío y reciben el mensaje del ángel: “No está aquí, ha resucitado”.


En su homilía, el obispo reflexionó sobre la fidelidad de Dios a lo largo de la historia y el llamado a vivir como verdaderos resucitados. Señaló que “hemos sido convocados para celebrar este camino de santidad, que es una dimensión hermosa de nuestro bautismo”, destacando cómo Dios ha acompañado a su pueblo con paciencia, levantando líderes como Abraham, Moisés y los profetas.


Profundizando en el Evangelio, destacó que el Resucitado es el mismo Crucificado, afirmando que “Jesús, el que fue crucificado, es quien ha resucitado”, confirmando así la verdad de Dios. Asimismo, invitó a los fieles a volver a su propia “Galilea”, entendida como el lugar donde comenzó la fe: la familia, la comunidad, el trabajo o el interior del corazón.


En este sentido, animó a la comunidad a preguntarse con sinceridad: “¿Cuál es mi Galilea?”, reconociendo que es allí donde el Señor vuelve a llamar, a sanar y a renovar la vida. Subrayó también que muchas veces el ser humano experimenta situaciones de muerte, pero que Cristo resucitado desciende a esas realidades para levantar, rescatar y devolver la esperanza.


“El Señor nos envía en misión”, expresó, subrayando que no basta celebrar, sino que es necesario dar testimonio: “La vida es más fuerte que la muerte, la verdad más fuerte que la mentira, y la justicia más fuerte que la corrupción”. Asimismo, enfatizó que solo quien experimenta la vida nueva puede anunciarla con verdad: “no podemos anunciar al Resucitado si no dejamos que Él nos levante primero”.


Finalmente, invitó a vivir la fe con compromiso concreto, construyendo una sociedad más humana y fraterna: “el compromiso con los más sencillos y con los que sufren es signo de que Cristo vive en nosotros”, recordando que la Pascua impulsa a ser testigos activos del Reino en medio del mundo.


Luego de la homilía, se vivió la Liturgia Bautismal, donde los fieles renovaron sus promesas bautismales, renunciando al pecado y profesando nuevamente su fe. Este momento estuvo marcado por la bendición del agua y la aspersión sobre la asamblea, signo de renovación y compromiso cristiano.


Durante este rito, se recordó que por el bautismo los creyentes participan de la muerte y resurrección de Cristo, siendo llamados a una vida nueva. La comunidad respondió con fe: “Sí, renuncio” y “Sí, creo”, reafirmando su identidad como hijos de Dios.


La celebración continuó con la Liturgia Eucarística, culmen de la Vigilia Pascual, donde Cristo se hace presente en el pan y el vino. La comunidad participó con profunda alegría en este misterio central de la fe.


Finalmente, la celebración culminó con el anuncio que da sentido a toda la noche santa: “¡Cristo ha resucitado! Verdaderamente ha resucitado. Aleluya.”


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Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique

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