Con fe, gratitud y compromiso comunitario, la parroquia conmemoró un año desde el siniestro que destruyó su iglesia y convento, renovando su esperanza junto a autoridades y fieles que acompañan el proceso de reconstrucción espiritual y material.
11 de octubre de 2025
Iquique

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En la tarde del sábado 11 de octubre, la comunidad parroquial San Antonio de Padua se reunió para en la Eucaristía de Esperanza y Reconstrucción, conmemorando un año desde el trágico incendio que destruyó el templo y el convento franciscano.
La celebración reunió a una gran cantidad de fieles que, con profundo espíritu de fe y comunión, quisieron acompañar este momento significativo en la vida parroquial. Entre los asistentes estuvieron presentes el gobernador regional de Tarapacá, José Miguel Carvajal, y el director regional de Arquitectura del MOP, Rodrigo Jara, quienes expresaron su cercanía y compromiso con el proceso de recuperación del lugar.
La Santa Misa fue presidida por el padre Julio Campos, párroco, y concelebrada por los sacerdotes Yanko Pajkuric y Mario Márquez, junto al diácono Raúl Fernández. Durante la liturgia se vivió un ambiente de profunda oración y agradecimiento por el camino recorrido en este tiempo de reconstrucción material y espiritual.
En su homilía, el padre Mario M árquez invitó a los presentes a mirar con esperanza el futuro, recordando la solidaridad que surgió tras la tragedia: “Somos pequeños, somos simples, y mientras podamos hacer el bien, hagámoslo siempre”, expresó.
El sacerdote también destacó la importancia de la empatía y del compromiso con los más marginados, señalando que “mucha gente está sola, al margen del desarrollo y del progreso. Los leprosos del Evangelio sabían que eran invisibilizados, y sin embargo, se atrevieron a decir: ‘Señor, queremos que nos sane’. Jesús no hace diferencias”.
Con un tono fraterno, el padre Márquez invitó a reconocer el valor de quienes, aunque no compartan la fe, viven con autenticidad el bien: “No tenemos que cristianizar o catolizar todo; a veces hay gente buena que no cree y que es mucho mejor que nosotros. Eso nos invita a ser mejores”.
La jornada concluyó con un momento de oración frente al templo, símbolo de la fe viva y perseverante de una comunidad que, a pesar del dolor, continúa caminando unida en esperanza, confiando en que Dios renueva todas las cosas.
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Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique














