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"La Patria es un Don y, al mismo tiempo, una Tarea": El llamado del Obispo Covili en el Te Deum

La celebración se realizó este 18 de septiembre en el Templo Catedral de Iquique y fue presidida por el obispo de la Diócesis de Iquique, hermano Isauro Covili Linfati, junto a la pastora Elizabeth Concha Urra y sacerdotes de la diócesis. La ceremonia reunió a autoridades civiles y militares, representantes de instituciones y miembros de la comunidad.

18 de septiembre de 2026

Iquique

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En la mañana de este viernes 18 de septiembre, con motivo de las Fiestas Patrias, el Templo Catedral de Iquique acogió el tradicional Te Deum Ecuménico, instancia de oración y acción de gracias por Chile, sus habitantes y los desafíos que enfrenta la sociedad.


La celebración fue presidida por el hermano Isauro Covili Linfati, obispo de la Diócesis de Iquique, quien estuvo acompañado por la pastora Elizabeth Concha Urra, de la Iglesia Metodista, además de sacerdotes y diáconos de la Diócesis. A la ceremonia asistieron autoridades civiles, militares, policiales y judiciales de la región, junto a representantes de diversas instituciones y organizaciones de la comunidad.


Al iniciar su homilía, el obispo recordó el significado del Te Deum: “Te Deum laudamus significa ‘A ti, oh Dios, te alabamos’”, destacando que esta celebración constituye una oportunidad para agradecer a Dios por la patria, por su gente y por todo el bien que se realiza cotidianamente, muchas veces de manera silenciosa.


En este sentido, agradeció por las familias, niños y jóvenes, trabajadores, profesores, empresarios y emprendedores; por quienes sirven en las instituciones civiles, en las Fuerzas Armadas y de Orden, en la ciencia, la cultura y la educación. También tuvo palabras para las comunidades cristianas, los bailes religiosos, quienes sirven a las personas más pobres, pescadores, artistas, clubes de adultos mayores, iglesias evangélicas y otras comunidades cristianas, así como por los migrantes que aportan con su trabajo, cultura y familias a la vida del país.


A partir del Evangelio proclamado, correspondiente al relato de la resurrección del hijo de la viuda de Naín (Lc 7, 11-17), el obispo propuso contemplar la realidad del país a partir de la imagen de dos procesiones que se encuentran: una que avanza hacia la muerte y otra que camina junto a Jesús, Señor de la vida.


“Hay realidades que hieren, dividen y son propias de un cortejo fúnebre, pero también existen signos de vida, solidaridad y esperanza, propios de la procesión de Jesús”, señaló.


En la primera de estas imágenes, el hermano Isauro Covili abordó diversas situaciones que generan preocupación en la sociedad, entre ellas la erosión de los vínculos familiares y comunitarios, la soledad de muchos adultos mayores, la pérdida de confianza, la violencia, el narcotráfico, la delincuencia y la inseguridad.


También se refirió al debate en torno a la movilidad humana, señalando que el Estado tiene la responsabilidad de ordenar sus fronteras y hacer cumplir la ley, pero que esta tarea debe realizarse respetando la dignidad de toda persona.


“Seguridad y dignidad humana deben caminar juntas”, afirmó, invitando a avanzar como sociedad en la capacidad de acoger, proteger, promover e integrar.


El obispo manifestó además su preocupación por los jóvenes que pierden el sentido de la vida y llamó a fortalecer la escucha, el acompañamiento y la prevención, generando vínculos, oportunidades y espacios donde niños y jóvenes puedan encontrar razones para esperar.


Uno de los aspectos destacados de la homilía fue la situación de la educación en la Región de Tarapacá.


El obispo llamó a no normalizar las brechas existentes y a comprender que educar no consiste únicamente en preparar para una prueba, sino en formar personas libres y responsables, capaces de pensar, crear, convivir y encontrar sentido a sus vidas.


“Educar es también preguntarnos quién está quedando atrás y qué podemos hacer para que nadie quede fuera del camino”, expresó.


En relación con los resultados educativos regionales, los datos oficiales del SIMCE muestran que Tarapacá mantiene desafíos relevantes. Los resultados SIMCE 2025 informados por el Ministerio de Educación señalaron una estabilización de los resultados regionales, aunque 4° y 8° básico permanecieron por debajo del promedio nacional. (Tarapacá Mineduc)


En este contexto, el obispo llamó también a apoyar a los docentes, comprometer a las familias y escuchar a niños y jóvenes, subrayando que ningún recurso tecnológico puede reemplazar a un profesor que acompaña y despierta el deseo de aprender.


Otro de los llamados estuvo relacionado con el cuidado de la creación y la responsabilidad con las futuras generaciones.


Inspirado en el magisterio del papa Francisco, particularmente en Laudato Si’ y Laudate Deum, el obispo señaló que la degradación ambiental afecta especialmente a las personas más pobres y llamó a reflexionar sobre el modelo de desarrollo que se quiere construir en una región marcada por el desierto y la fragilidad del recurso hídrico.


“Cuidar la casa común no es un lujo: es una exigencia de justicia y responsabilidad”, afirmó.


Asimismo, invitó a pasar de la reacción a la prevención frente a las vulnerabilidades que afectan a la población, especialmente ante eventos climáticos y situaciones que ponen en riesgo a quienes viven en condiciones de mayor precariedad.


En la segunda parte de su reflexión, el hermano Isauro Covili puso el acento en la procesión de la vida, aquella que está encabezada por Jesús.


A partir de la actitud de Cristo frente a la viuda de Naín, destacó que Jesús no permanece indiferente ante el sufrimiento, sino que se acerca, se conmueve y actúa.


“Antes que un problema, Jesús ve a una persona; antes que una categoría social, ve un rostro; antes que una estadística, escucha un dolor”, expresó.


Desde esta perspectiva, invitó a comprender la compasión no como un simple sentimiento, sino como una actitud que conduce al encuentro, al servicio y a la acción concreta.


El obispo señaló que la Iglesia, desde el Evangelio y la Doctrina Social, está llamada a aportar al bien común, sin reemplazar la legítima responsabilidad de las autoridades civiles. En esta línea, llamó a trabajar para que la educación, la salud, la alimentación, la vivienda y el acceso a la justicia sean expresiones concretas del reconocimiento de la dignidad de todas las personas.


Dirigiéndose especialmente a las autoridades presentes, el obispo de Iquique invitó a ejercer la función pública desde las virtudes de la prudencia, justicia, fortaleza y templanza.


“La autoridad es ante todo una vocación de servicio al bien común”, manifestó, llamando a discernir el bien común por sobre los intereses particulares, reconocer la dignidad de cada persona, sostener las decisiones difíciles cuando sea necesario y ejercer la autoridad con mesura, austeridad y cercanía.


Asimismo, invitó a acercarse a las realidades concretas de la región, especialmente a hospitales, cárceles, hogares y a las distintas periferias geográficas y existenciales, para encontrar allí rostros y personas que necesitan ser escuchadas, acompañadas y cuidadas.


También destacó la importancia de cuidar especialmente a niños, jóvenes y adultos mayores, fortalecer a las familias y generar condiciones que permitan que las personas en situación de pobreza sean protagonistas de sus propios procesos.


En la parte final de su homilía, el hermano Isauro Covili llamó a valorar la convivencia democrática y a construir una sociedad más fraterna, donde la dignidad de cada persona sea respetada y el bien común constituya un horizonte compartido.


“La patria es un don y, al mismo tiempo, una tarea. Amar a Chile no es ignorar sus heridas, sino comprometernos a sanarlas; no es pensar todos igual, sino aprender a encontrarnos con respeto, justicia y esperanza”, expresó.


El obispo invitó a caminar junto a Cristo en la “procesión de la vida”, allí donde la autoridad se transforma en servicio, donde quien sufre encuentra cercanía, donde las diferencias no se convierten en enemistad y donde nadie queda abandonado al borde del camino.


Finalmente, pidió a la comunidad orar por Chile y por quienes ejercen responsabilidades públicas, para que puedan escuchar antes de decidir, dialogar antes de descalificar, servir antes que servirse y buscar el bien común por sobre cualquier interés particular.


En el marco de la conmemoración del centenario de la proclamación de la Virgen del Carmen como Patrona de Chile, encomendó también la patria y a todos sus habitantes a la Madre del Señor, pidiendo que ayude al país a encontrarse como hermanos, cuidar especialmente a quienes más sufren y caminar junto a Cristo en la procesión de la vida.


En uno de los momentos centrales de la celebración, se entonó solemnemente el Himno del Te Deum, mientras el incienso se elevaba como signo de oración y alabanza a Dios.


Tras la bendición final, la ceremonia concluyó con un emotivo pie de cachimbo, expresión de la identidad cultural de la Región de Tarapacá y de la alegría propia de la celebración de las Fiestas Patrias.


De esta manera, la comunidad reunida en el Templo Catedral de Iquique elevó su acción de gracias por Chile, sus familias y comunidades, renovando también el compromiso de trabajar por una sociedad más fraterna, justa, solidaria y respetuosa de la dignidad de toda persona.


Descargar Homilía:


Galería de fotos:


Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique

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