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El Papa: Nuestra alegría no se basa en ilusiones pasajeras sino en el amor del Padre

En el Ángelus dominical, León XIV instó a no malgastar tiempo y energías persiguiendo lo que es mera apariencia, sino a conformarnos con lo necesario y amar “las cosas sencillas y las palabras sinceras”. El amor del Padre nos revela “quiénes somos realmente y cuánto valemos a sus ojos”.

18 de enero de 2026

Santa Sede

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“Nuestra alegría y nuestra grandeza no se basan en ilusiones pasajeras de éxito y de fama, sino en sabernos amados y deseados por nuestro Padre que está en los cielos”. Lo afirmó el Papa en su reflexión previa a la oración del Ángelus de hoy, 18 de enero, II domingo del tiempo ordinario.


Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico, ante los fieles romanos y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, León XIV basó su reflexión en el pasaje del Evangelio de Juan de la liturgia del día que nos habla de Juan el Bautista, que reconoce en Jesús al Cordero de Dios, el Mesías, diciendo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Y añade: «He venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel»


Juan reconoce en Jesús al Salvador – evidenció el Obispo de Roma –proclama su divinidad y su misión al pueblo de Israel y luego se aparta, una vez cumplida su tarea, como atestiguan estas palabras suyas: «Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo» (v. 30).


La decepción de estilos de vida efímeros

Para el Bautista, nota el Papa León, habría sido fácil aprovecharse de su fama, ya que era un hombre muy querido por las multitudes, hasta el punto de ser temido por las autoridades de Jerusalén. “En cambio, no cede en absoluto a la tentación del éxito y la popularidad” sino que “frente a Jesús, reconoce su propia pequeñez y le da espacio a su grandeza. Sabe que ha sido enviado para preparar «el camino del Señor» y cuando el Señor viene, reconoce su presencia con alegría y humildad y se retira de la escena. ¡Qué importante es para nosotros hoy su testimonio!”, señala el Obispo de Roma, observando a continuación:


De hecho, a menudo se le da una importancia excesiva a la aprobación, al consenso y a la visibilidad, hasta el punto de condicionar las ideas, los comportamientos y los estados de ánimo de las personas, causando sufrimiento y divisiones, y produciendo estilos de vida y de relación efímeros, decepcionantes y oprimentes.


El amor del Padre nos revela quienes somos y cuánto valemos a sus ojos

En realidad, no necesitamos estos “sucedáneos de la felicidad”, observa el Papa León, porque “nuestra alegría y nuestra grandeza no se basan en ilusiones pasajeras de éxito y de fama, sino en sabernos amados y deseados por nuestro Padre que está en los cielos”. Y añade:


El amor del que nos habla Jesús es el de un Dios que aún hoy viene entre nosotros, no para sorprendernos con efectos especiales, sino para compartir nuestro esfuerzo y asumir nuestras cargas, revelándonos quiénes somos realmente y cuánto valemos a sus ojos.


Mantener alerta el espíritu para encontarnos con el Señor

“Queridos hermanos, no nos dejemos distraer ante su paso. No malgastemos tiempo y energías persiguiendo lo que es mera apariencia”, exhorta el Santo Padre antes de concluir su catequesis. Y finalmente, ayudados por la Virgen María, “modelo de sencillez, sabiduría y humildad”, invita a mirar al Bautista y a seguir su ejemplo:


Aprendamos de Juan el Bautista a mantener alerta el espíritu, amando las cosas sencillas y las palabras sinceras, viviendo con sobriedad y profundidad de mente y de corazón, conformándonos con lo necesario y encontrando cada día, en cuanto sea posible, un momento especial en el que detenernos en silencio para rezar, reflexionar, escuchar; en definitiva, para “ir al desierto”, y allí encontrarnos con el Señor y estar con Él.


María Cecilia Mutual


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Fuente: Vatican News

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