La celebración, realizada en el Templo Catedral de Iquique, reunió a la comunidad en torno al testimonio del santo de Asís, destacando el llamado del hermano Isauro Covili a reparar los vínculos sociales desde la ternura, la empatía y la fraternidad, junto con renovar el compromiso con el cuidado de la creación.
4 de octubre de 2026
Iquique

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Durante la tarde del domingo 4 de octubre, el Templo Catedral de Iquique acogió la celebración de la fiesta de San Francisco de Asís, jornada que comenzó con la tradicional bendición de mascotas y continuó con una Eucaristía en honor al santo, marcada por un llamado a renovar la vida cristiana desde la fraternidad, la ternura y el cuidado de la creación.
A las 18:00 horas, en el frontis de la Catedral, el hermano Isauro Covili Linfati, obispo de la Diócesis de Iquique, junto al fray Jaime Campos, realizó la bendición de mascotas. Una gran cantidad de personas llegó junto a sus animales para participar de este momento de fe, recordando el especial amor de San Francisco por toda la creación.
Posteriormente, antes del inicio de la Santa Misa, la comunidad vivió un momento de alabanza y reflexión en torno al testimonio de San Francisco y su profundo vínculo con la creación, preparando así el corazón para la celebración eucarística.
A las 19:00 horas comenzó la Eucaristía en honor a San Francisco de Asís, en el contexto de los 800 años de su Pascua. La celebración fue presidida por el hermano Isauro Covili Linfati y concelebrada por fray Jaime Campos, fray Mario Márquez y fray Yanko Pajkuric, junto a los diáconos permanentes Raúl Fernández y Milton Jorquera.
Durante su homilía, el obispo invitó a contemplar la figura de San Francisco desde el Evangelio y desde la realidad que actualmente vive la sociedad, marcada por el cansancio, la violencia, la exclusión y diversas formas de indiferencia.
Al reflexionar sobre las palabras de Jesús: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”, el hermano Isauro señaló que tanto en el tiempo de Jesús como en la época de San Francisco y en la actualidad existen personas cansadas y oprimidas por las dificultades de la vida.
“Por lo tanto, Francisco brota como un hombre y un santo para vivir y para atravesar los tiempos de crisis, los tiempos difíciles”, afirmó.
En este sentido, recordó también el llamado de Jesús a Francisco: “Anda, repara mi Iglesia”, vinculándolo con los desafíos que enfrenta hoy la sociedad. “Necesitamos volver nuestra mirada al Evangelio, a Jesús, a Francisco, que nos ayuden a construir, a reparar”, expresó.
El obispo manifestó que existen diversas formas de violencia que afectan a la sociedad, entre ellas la delincuencia, la violencia contra la creación, la corrupción y también la violencia presente en las palabras y en las relaciones humanas, situaciones que generan desconfianza y quiebran los vínculos.
Otro de los aspectos destacados por el obispo fue el encuentro de San Francisco con los pobres y los leprosos, particularmente el abrazo que permitió al santo superar el miedo y la indiferencia.
“En ese abrazo brota una nueva vida. Se terminan las diferencias, se termina la indiferencia”, señaló, invitando a los presentes a recuperar el valor del encuentro con quienes sufren.
En esta línea, destacó que “necesitamos abrazar y dejarnos abrazar”, entendiendo el abrazo como una expresión concreta de restauración y de empatía social.
“Un abrazo habitado es el triunfo de la empatía social, cuando se termina la indiferencia y cuando abrazamos al necesitado”, afirmó.
El hermano Isauro subrayó que la reparación de la Iglesia, de las instituciones y de las propias familias no puede realizarse sin ternura. “Francisco repara y se repara desde la ternura, desde la promoción de la dignidad”, sostuvo, invitando a contemplar a Dios como un Dios tierno, compasivo y restaurador.
Asimismo, planteó que la transformación personal, familiar, social y espiritual no nace solamente de grandes ideas, sino también de la cercanía y de la calidad de los vínculos. “Cuánta ternura hay en nuestras relaciones o cuánta dureza hay en nuestros vínculos”, cuestionó.
El obispo también destacó algunos rasgos fundamentales de la espiritualidad franciscana, como la pobreza, la desapropiación y la itinerancia, entendidos como caminos para configurarse con Jesús.
En este sentido, invitó a vivir con mayor libertad frente al poder y a las posesiones, proponiendo una vida “ligera de equipaje” para caminar por la existencia.
“Que el Señor nos ayude a terminar con esta idea de apropiación, de poseer como expresión de poder”, expresó, señalando que desprenderse de aquello que ata permite abrir nuevas posibilidades para construir una sociedad más fraterna y alcanzar en Jesús una experiencia verdaderamente liberadora.
Finalmente, vinculó este camino con el relato de la creación del Génesis, señalando que Francisco se convierte en un hombre dispuesto a dejarse recrear y transformar por Dios, abriendo caminos nuevos para una vida más fraterna.
Durante la presentación de los dones, la comunidad de San Antonio de Padua estuvo presente con diversos signos. Una vela fue presentada por la coordinadora de dicha comunidad, mientras que también se presentó el boletín de la Pastoral de Comunicaciones de la Parroquia San Antonio de Padua.
Asimismo, la Pastoral Juvenil de la parroquia presentó un Tau franciscano, como expresión de la vida comunitaria y del compromiso de seguir el camino de Jesús al estilo de San Francisco.
De esta manera, la Diócesis de Iquique conmemoró a San Francisco de Asís, renovando el llamado a cuidar la creación, fortalecer la fraternidad y construir relaciones marcadas por la ternura, la empatía y la dignidad de cada persona.
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Fuente: Comunicaciones Diócesis de Iquique

