La Singularidad Del Maestro Santo Tomás de Aquino


Viernes 28 de Enero, 2022

Hugo Fernández Ibaceta - Director de Formación e Identidad

Hoy celebramos la fiesta litúrgica de Tomás de Aquino, aquel santo que  reflexionó y escribió dentro de un tiempo y de una cultura con sus limitaciones. Pero sigue siendo  un maestro   singular   porque  algunos de sus principios son de actualidad y necesarios para procesar bien la novedad de nuestro tiempo.

Tomás de Aquino tuvo un espíritu abierto, no sólo a la vedad proveniente de los filósofos griegos, sino también a  la verdad  de los pensadores judíos  y mahometanos. Para el diálogo con éstos escribió la “Suma contra los Gentiles”. En la universidad de París estaban en alborotada ebullición las nuevas corrientes filosóficas y religiosas que cuestionaban ya la situación de cristiandad. Tomás trata de  discernir  lo nuevo que quiere nacer, denunciando  los errores que dificultan  ese nacimiento.

Para ello emprende un diálogo en que el pensamiento del otro, lejos de ser ocultado, entra en la investigación emprendida. El oponente también tiene voz  en el diálogo, ve aceptada la parte de verdad que él ha percibido y halla equilibrada en una síntesis más amplia: “el hermano Tomás, declara uno de su primeros biógrafos, refuta a su adversario como se instruiría a un discípulo”.

Ni fundamentalismo cerrado  del que cree que solo él tiene toda la verdad, ni relativismo del que niega la existencia de la verdad objetiva. Todos los seres humanos tienen su verdad y todos somos invitados a caminar juntos en diálogo hacia la verdad completa. En esa visión dialogante de Tomás, se puede entender bien hoy la preocupación del papa Francisco por  “una Iglesia en salida”.

En esta época de “post-verdad”, corremos el peligro de aceptar como verdad únicamente lo que por ciencia y técnica  nosotros logremos. Estamos viendo que nuestro progreso en ese campo no llena  nuestros anhelos de felicidad, no nos salva. La verdad que salva y libera, que promueve  y da  sentido a todo nuestro desarrollo, es  que todos habitamos en una Presencia de amor y  desde el amor debemos ir construyendo un mundo fraterno.

 Tomás de Aquino ha sido una figura intelectual muy destacada; pero llegó un momento en que vivió con tal intensidad esa verdad que salva y libera, que no pudo seguir escribiendo: “Todo lo que he escrito me parece paja respecto de lo que he visto y me es revelado”.

En el carisma dominicano, cuyo lema es la Verdad, son inseparables la experiencia de Dios  amor que se está dando,  y  compasión efectiva y efectiva para erradicar  la injusticia que  tira por los suelos  la dignidad de los seres humanos.

Hacemos la verdad cuando escuchamos los latidos de la realidad y actuando como imagen de Dios que somos. Este puede  ser el mensaje de Tomás para nuestra sociedad y para la Iglesia en nuestro tiempo.