PALABRAS DE SALUDO EN REUNION PASTORAL CON EL CLERO DE IQUIQUE


Miércoles 11 de Agosto, 2021

Autor: P. Guillermo Fajardo Rojas Administrador Diocesano de Iquique

Hermanos sacerdotes, como es de costumbre el último miércoles del mes tenemos nuestra reunión como clero de la diócesis de Iquique. Por lo mismo, no quería perder la oportunidad de reunirnos para compartir con ustedes después que el colegio de consultores me entregó la tarea de ser por este tiempo Administrador Diocesano, quiero compartir con ustedes algunos sentimientos de orden personal, como también algunas ideas de servicio pastoral que junto al colegio de consultores hemos dialogado y que deseo compartir con ustedes, para que juntos podamos seguir madurándolas y ponerlas en acción en este tiempo que juntos, y unidos al pueblo de Dios, nos corresponderá trabajar pastoralmente en espera del nuevo obispo diocesano.

1)         MIS SENTIMIENTOS:

a)         Primero agradecer a mis hermanos que conforman el Colegio de Consultores el que hayan depositado en mí su confianza para llevar adelante este servicio pastoral, el cual lo entiendo como un tiempo de espera. Cuando digo “espera” no estoy diciendo pasividad, como si fueran unos meses para mantener lo que ya hemos alcanzado, sino que lo entiendo como un tiempo de espera “activa”. Para que así cuando llegue el nuevo obispo, podamos entregarles una diócesis que espiritual y pastoralmente ha madurado en la espera, ya que, durante el tiempo de sede vacante, seguimos juntos buscando responder desde el evangelio a la realidad, que es el lugar donde nos habla Dios. Así queremos ser fieles a Dios junto a nuestro pueblo.

b)         Mi segundo sentimiento es un “sano temor”, en este, minuto soy muy sincero con ustedes y les confieso que me siento en este servicio que se me pide “perdido, ignorante, con interrogantes frente a lo que hay que hacer, humanamente me gustaría seguir en lo que estaba, tranquilo y, haciendo las actividades que por años he realizado en esta Iglesia. Mi temor tiene que ver con mis limitaciones, mis muchos defectos, y las falencias que tengo por montones. Crecí como hijo único –mis padres me tuvieron ya adultos- por tanto, mi tendencia es a trabajar más bien solo, en este servicio afirmo que hay que trabajar con otros, unidos y en dialogo, con una actitud de estar siempre a la escucha y con la disposición de hacer giros cuando hay ideas y propuestas mejores. Por favor, no duden en decirme mis limitaciones, se los agradecería, así me ayudan a creer. En mi debilidad, y desnudez, me visto de Cristo, que es mi fuerza.

c)         El tercer sentimiento que deseo compartir con ustedes es la sorpresa grata que en estos días me ha embargado, ya que he recibido muestras de apoyo, de afecto, de buenos deseos de la gente. Eso me alegra y me ha dado fuerza interior y también confianza para asumir esta misión, pues junto a la gente la pongo en Dios. Yo solo, nada puedo.

2)         MIS AFIRMACIONES:      

a)         Don Guillermo nos marcó una hermosa senda, dejándonos un lindo camino de unidad, de fraternidad, de buen espíritu y de alegría pastoral. Debemos cuidar ese buen ambiente y para que sea así, el buen dialogo nos ayudará para que estemos unidos en todo momento; en las alegrías para juntos alabar a Dios; pero también, en los momentos de cruz que nos pueda tocar vivir como iglesia, es en el dolor donde las familias son más que nunca verdadera familia.  

b)         Los tiempos confusos que vivimos nos exigen tener metas claras, ya que cuando caminamos sin una meta, no hay camino posible; y cuando no hay meta clara, lo que se hace es vagar de un lado para otro.

c)         ¿De dónde sacar la meta?, de los desafíos que nos presenta la realidad; pues no podemos nunca olvidar que Dios habla en la historia de los hombres. De esta forma la realidad nos impone el desafío de trabajar por ser cada día más una iglesia sinodal, en la línea que nos plantea el Papa Francisco. Es verdad que la palabra “sinodal”, cuando recién la escuchamos no lográbamos entenderla o la entendíamos mal, ello debido a una formación eclesiológica “piramidal”, donde la acción de la Iglesia era definir y sacramentar sus propias afirmaciones, pasando a ser una especie de auto complacencia, de estar centrada en sí misma, generando una reflexión, como las líneas del tren, en sentido paralela entre lo que afirma la Iglesia y lo que vive la sociedad. La acción sinodal implica la actitud de los pastores de caminar junto al pueblo de Dios, escuchando, paso a paso, el verdadero clamor de la humanidad, para ir descubriendo lo que Dios va diciendo en cada momento de la historia. Es la necesidad de una conciencia más clara de ser una iglesia que sirve, ama y escucha, con la certeza que trabajar en ello es realmente, precioso y fascinante.

d)        Si queremos ser una diócesis que “espera activamente a su pastor”, es conveniente, por sencillo que pueda ser, asumir como diócesis un “objetivo pastoral común”, construidos por todos junto al pueblo de Dios, y para alcanzarlo, se hará necesario asumir “principios misionero que brotan del evangelio”.

e)         Estos principios, pasarán a ser lo más grande, lo más atractivo y, al mismo tiempo, lo más necesario y esencial, porque brotan de la Palabra revelada, así desde Cristo y con Cristo, afirmamos primero el valor del “servicio” al desvalido; segundo, el arte y la necesidad de “escuchar” al laicado, siendo humildes para aceptar sus críticas y valientes para hacer los cambios que sean necesarios. Nadie tiene la verdad absoluta, sólo Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Junto al pueblo de Dios, debemos construir una iglesia, donde todos podamos con la luz del Espíritu Santo, responder con a los desafíos que la realidad nos pueda exigir. En los puntos siguientes expreso el pensar y sentir del Colegio de Consultores que me designó como Administrador Diocesano, y buscaré en todo momento ser fiel al diagnóstico que ellos realizaron sobre las prioridades pastorales que es necesario acentuar, sin descuidar obviamente otras necesidades pastorales que existen en la diócesis. Estas prioridades son tres, y las desarrollo a continuación:   

i)          La dura realidad de la pobreza que se ha instalado en nuestra región. Según la Encuesta Casen: Tarapacá ha sido la región donde más ha aumentado la tasa de pobreza, cayendo significativamente los ingresos del trabajo. En la región subió 7,6 puntos la pobreza, ascendiendo de 6,4% a 14% entre 2017 y 2020, esto entre los primeros quintiles a raíz de la cuarentena, lo cual significa que los pobres hoy son más pobres.

ii)         La dura realidad de la migración, nos desafía, ya que en el año 2019 se estimó un total de 68.394 personas extranjeras residentes en la Región de Tarapacá. Ocupamos el quinto lugar a nivel nacional de personas en dicha condición, vulnerado en sus derechos y expuesto a la crisis sanitaria del COVID-19. Entre esos migrantes, no sólo hay adultos, sino también niños y mujeres embazadas.

iii)        La certeza que Dios habla a través del pueblo a través de la Religiosidad Popular. La diócesis de Iquique tiene identidad propia a partir de la expresión de los bailes religiosos, pasando a ser el ADN de nuestra singularidad eclesial. Las expresiones de fe que se da en los santuarios tanto del Carmen de la Tirana, como en San Lorenzo de Tarapacá, pasan a ser un lugar teológico, en donde se da el “Encuentro de Dios con su pueblo”, y donde la acción pastoral de la Iglesia, pasa a ser una facilitadora para dicho encuentro, y no la rectora que define normas y criterios en la expresión de la fe del pueblo que canta y baila. Debemos tener siempre presente en el corazón a esos miles de bailarines, devotos, familias, peregrinos que mantienen viva la catolicidad, donde la devoción a la Virgen, y el amor a los santos, como intercesores ante Dios, pasan a ser expresión viva de las afirmaciones de nuestra eclesiología y teología espiritual. 

f)         Hay un punto muy importante que tendré que realizar como Administrador Diocesano, el cual está establecido, dentro de las funciones que establece el derecho, pasando a ser un deber prioritario. Esta función establece que, en contacto con la Nunciatura, me corresponderá promocionar el diálogo al interior del mismo Pueblo de Dios de la Diócesis, en un ambiente de espíritu evangélico, para presentar a la Santa Sede, una terna con los nombres de posibles sacerdotes que consideramos que poseen las condiciones que el pueblo de Dios menciona, para desempeñar el ministerio episcopal en la Diócesis de Iquique.

Este trabajo es coherente con lo que dijo el Papa Francisco en su carta del 31 de mayo de 2018 al Pueblo de Dios que peregrina en Chile y que tanto se recuerda:

“Con Ustedes se podrá generar la transformación necesaria que tanto se necesita. Sin Ustedes no se puede hacer nada. Exhorto a todo el Santo Pueblo fiel de Dios que vive en Chile a no tener miedo de involucrarse y caminar impulsado por el Espíritu en la búsqueda de una Iglesia cada día más sinodal, profética y esperanzadora y menos abusiva porque pone como centro de su acción pastoral al hambriento, al preso, al migrante, al abusado” (n. 7).

OBJETIVO

SER UNA IGLESIA QUE CAMINA UNIDA, QUE BUSCA ESCUCHAR LA PALABRA Y AL PUEBLO DE DIOS, DEJANDOSE INTERPELAR POR LA REALIDAD, PARA PODER SERVIR Y AMAR A CRISTO VIVO EN EL DESVALIDO, PRESENTE EN SU PIEDAD POPULAR QUE CELEBRA LA FE, Y LLAMADA A LA SANTIDAD DE LOS MIEMBROS QUE FORMAN EL CUERPO DE LA IGLESIA.

 

P. Guillermo Fajardo Rojas.

Administrador Diocesano.

Diócesis Iquique.