Ser un hijo Cristiano… a propósito del Día del Niño


Viernes 06 de Agosto, 2021

Autor: Pastoral Familiar Diócesis de Iquique

INTRODUCCIÓN: Hoy cuando nos preparamos para la celebración del Día del niño, parece oportuno reflexionar este acontecimiento desde la perspectiva de la fe. Así podremos celebrar de manera más plena, dándole sentido de fe a lo que celebramos. El propio Jesús dijo en Mateo 19,14: “Dejen que los niños vengan a mí”. Jesús quiere bendecir a cada niño, a cada hijo, y quiere bendecir y acompañar a los padres en su tarea maravillosa de ser padres. Te invitamos a acoger esta palabra como una enseñanza de fe que les pueda ayudar a vivir la experiencia de ser familia EN EL SEÑOR.

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Los hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es lo correcto: «Honra a tu padre y madre». Este es el primer mandamiento con promesa: «a fin de que te sobrevenga el bien y estés sobre la tierra por mucho tiempo». (Efesios 6.1-3.) paralelo de Ex 20,12

Tres conceptos nos interesan en particular analizar con esta cita del apóstol, cuál ha de ser el comportamiento filial cristiano. Nos referimos al verbo que hemos traducido aquí «obedeced»; aquel otro verbo traducido «honra»; y el concepto de ejecutar estos verbos «en el Señor».

Obedecer. A veces es un ejercicio interesante el de desarmar las palabras. Este verbo, por ejemplo, en su original griego, está compuesto por una palabra base, precedida por un prefijo. El verbo base, sin el prefijo, significa «oír, escuchar, prestar atención»; mientras que el prefijo indica una posición inferior, o «desde abajo». Teniendo esto en cuenta, podríamos decir, a modo preliminar, que lo que se nos exige como hijos es «escuchar desde abajo», o «prestar atención desde una postura de inferioridad». Es la postura lógica del niño, que oye, escucha, a sus padres con la plena conciencia de que ellos son más grandes. Tiene que levantar la mirada para ver al que le habla: no es un trato entre iguales. Pero, a pesar de la asimetría, no es abusivo. La igualdad está dada por la gracia que Dios nos concede: ser tanto hijos como padres hijos de Dios, creados a imagen y semejanza de Dios. Por tanto esta igualdad es a la vez trascendente, porque refiere al Padre de los cielos. Por eso que si tú sacas a Dios de la ecuación de nuestra familia, nuestro trato horizontal puede

apuntar en una dirección equivocada. Si apunta al Padre solamente, se convierte ese padre en un tiranosaurio autoritario. Si apunta un hijo, se convierte en un ser absolutamente mimado, egocéntrico y egoísta. En la ecuación de nuestras relaciones familiares, Dios es el elemento fundamental que le da plenitud a nuestras relaciones.

Honrad: Tiene que ver con tributar honor a los padres. Honrar la familia, respetarla con reverencia, cuidar de no malgastar la buena fama de toda la familia. Esto implica, saber que yo pertenezco a una familia concreta. No soy solo, no me he hecho solo. Provengo de una familia. Por eso que respeto especialmente a mi padre y a mi madre. Ellos son los que primeramente me han enseñado las primeras lecciones de la vida y las primeras oraciones. Con ellos estoy llamado a aprender a creer, a amar y a respetar d¿en definitiva el nombre de Dios. Honrad a los padres tiene su fundamento en dar gloria a Dios. Tu y yo damos gloria a Dios honrando a nuestros padres, cuidando el honor, la dignidad de cada uno de ellos: del papá y la mamá.

En el Señor: Que no se nos olvide que Dios nos ha regalado una primera promesa de vida junto con nuestros padres. Si los respetamos, cuidamos y amamos, Dios nos promete una vida larga. La vida llega a nosotros por nuestros padres, son el mejor vehículo para conocer y sentir y experimentar de mejor manera la vida. Y poder saborear todo esto en plenitud, lo logramos amando en el Señor. El amor es el que da sentido a toda experiencia de familia, y cuando amamos en el Señor, todo adquiere plenitud. La fe no es un añadido, es plenitud de todo, leído desde la perspectiva de hacerlo todo buscando hacer siempre la voluntad de Dios. Saber con certeza que esto es agradable a los ojos del altísimo: ya lo saben, hacedlo todo en el nombre del Señor (Col 3,17.23-24)

 
   

ORACIÓN POR LOS HIJOS

Padre Amado, el mejor de los Padres, de donde mana la abundancia de tu gracia. Te alabamos por tu hijo Jesucristo, nuestro Señor, Salvador y Mesías. Que nos ha regalado en el momento más doloroso de su vida terrena a su propia Madre, Maria, llena de Gracia. Hoy, Padre, invocamos en esta familia tu santa presencia, y pedimos la gracia de tu Santo Espíritu que descienda especialmente hoy sobre nuestros hijos.

Regálales lo que ellos realmente necesitan, y que

tú, Padre amado, lo sabes con certeza absoluta. Te pedimos que crezcan en sabiduría y en gracia delante de ti y de las personas. Que sean respetuosos, alegres y generosos. Regálales salud del cuerpo y del alma, que aprendan a confiar en ti. Y a nosotros regálanos también la sabiduría necesaria para guiarlos en cada etapa de la vida. Hoy, como familia nos volvemos a poner en tus manos y juntos te rezamos: Padre nuestro…

Y a Maria La Madre del Señor y Madre Nuestra

saludamos: Dios te salve María…

Padre celestial , bendícenos y bendice en este día especialmente a nuestros hijos: EN EL NOMBRE DE, PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO AMÉN.

(Nota: al final tanto el padre como la madre le pueden hacer a sus hijos la señal de la Cruz en la frente)