Tercer domingo del tiempo Ordinario, Domingo de La Palabra


Miércoles 06 de Enero, 2021

Autor: Sergio Fernández - Diácono permanente de la Diócesis de Iquique

“ et Verbum caro factum est, et habitant in nobis.”
( Y el verbo se hizo carne, y acampó entre nosotros…)


Ante la proximidad del Domingo de la Palabra de Dios, el que fue instituído por el Papa Francisco en forma de  “motu Proprio” del 30 de Septiembre del 2019 ( carta Apostólica Apertuit  illis), que se ha de celebrar el tercer domingo del tiempo ordinario, compartimos con la Iglesia que camina en Iquique, algunos aspectos Litúrgico Pastorales, que nos puedan ayudar particularmente en nuestra realidad de Parroquia, capillas, movimientos apostólicos, piedad popular, de Santuarios, catequesis, etc pero sin duda alguna, nos ayude a iluminar la realidad particular de cada creyente ante la invitación a celebrar.

  Sin duda que resuena siempre en los labios costumbristas de cada hijo de María, a la hora de saludarle con el rezo del ángelus, éste “ et verbum caro factum est, et habitant in novis” es decir, Y el Verbo se hizo carne, y acampó entre nosotros. Que potentes palabras, que hermosa realidad, la que con acostumbrado asombro siempre debiéramos contemplar, pues ánte éste Verbo ( Jesús ), el que es Palabra, acción Salvífica, ciertamente que hizo y Hace su morada, su “ campamento “ entre y en nosotros.

 En las grandes Fiestas de nuestra Iglesia, ya se han quedado con nosotros, algunos gestos en la  Liturgia que nos ayudan a distinguir la fuerza y centralidad de la Palabra festiva entre nosotros, manifestado en el particular rito de la Solemne Proclamación de las Palabras del Evangelio en La Eucaristía. No por nada, las procesiones, los cirios que acompañan, el incienso, el ministro  quien lo proclama ( sacerdote o diácono), las palabras de bendición del que nos preside, la signación de las 3 cruces en nuestro  cuerpo, nuestra postura en pie, el Evangeliario, el canto del aleluya, todo esto y mas, sin duda alguna nos hablan de que algo tremendamente importante sucede, todo esto nos habla de la Presencia del “ Verbo entre nosotros “, Palabras que ejercen su acción Salvífica en La Eucaristía. Bien nos señala el IGMR ( Introducción general al misal romano) en su numeral 60, “ La lectura del Evangelio constituye la cumbre de la liturgia de la Palabra. La liturgia misma enseña que debe tributársele suma veneración, cuando la distingue entre las otras dos lecturas con especial honor, sea por parte del ministro delegado para anunciarlo y por la bendición o la oración con que se prepara; sea por parte de los fieles, que con sus aclamaciones reconocen y profesan la presencia de Cristo que les habla, y escuchan de pie la lectura misma; sea por los mismos signos de veneración que se tributan al Evangeliario”

 Frente a esto, se hace imperioso poner en valor, ayudar a comprender, primero nosotros mismos, lo que todo esto, en cuanto a rito se pretende señalar desde la experiencia vivida con el que Es  Palabra; Jesucristo el Señor!!!!!

 En éste contexto, es que todos tenemos algunos desafíos y por su puesto algunos riesgos asociados, cuando la creatividad excesiva se convierte en abuso, haciéndonos perder el horizonte, la centralidad de Cristo en la liturgia, la que es ( la liturgia) “Ejercicio del Sacerdocio de Jesucristo”.

 Somos invitados a cumplir las rubricas litúrgicas, pero  no sólo a cumplirlas como si fueran una especie de Ley muerta, la que se cumple por cumplir, sino mas bien a comprenderlas desde la experiencia del discípulo, el que Le reconoce, que se sienta a los pies del Maestro, las contempla con asombro, las atesora, las hace carne en lo cotidiano.

  Nos viene de la Tradición de la Iglesia, los Evangeliarios cuidadosamente elaborados. “ Se tiñe el pergamino de color púrpura, se funde el oro para trazar las letras, los códices se adornan con joyas” ( San Jerónimo ), es decir, desde todos éstos signos el Evangeliario se convierte en símbolo de realidades transcendentales , además nos señala el IGMR 349 : “Téngase especial cuidado de que los libros litúrgicos, principalmente el Evangeliario y el leccionario, destinados a la proclamación de la Palabra de Dios y que por esto gozan de especial veneración, sean en la acción litúrgica realmente signos y símbolos de las realidades sobrenaturales y por lo tanto, sean verdaderamente dignos, bellos y decorosos.”

 Volviendo a la rúbrica, la letra en rojo en nuestros misales y libros litúrgicos, la que nos orienta al mal entendido “cumplimiento”, la no tan querida por muchos, pues de modo equivocado nos queda la sensación de ley impuesta, y que nos coarta ante el ejercicio de la inculturación, nos parece importante ayudar a comprender como ella (la rúbrica) es vehículo que nos debe ayudar a descubrir el valor del gesto o el signo desde la Tradición litúrgica, ésta vez particularmente en la liturgia de la Palabra, en el rito del anuncio del Evangelio.

Ante ello, ciertamente que nos desafiamos ante el peligro de quedarnos solo en cumplir con hermosos gestos que vacíos y muertos se quedan, cuando incapaces somos de vivirlo en lo cotidiano, cuando lo piadoso se queda solo en expresión, mas no en lo que verdaderamente somos invitados, a que ésa realidad sobrenatural expresada en nuestros hermosos gestos, se hagan carne y nos convirtamos en manos y pies que acarician, que escuchan, que sostienen, que busca vincularse con la realidad mas inmediata.

 Que sea éste tiempo propicio para dejarnos encantar no solo desde lo sensitivo , sino mas bien desde lo concreto en el quehacer, partiendo sin duda desde la Experiencia de Jesucristo con cada uno de nosotros, Palabra que es acción, que es viva y Real para cada uno de nosotros.

 

Sergio Andrés, diácono