La Tempestad


Lunes 30 de Marzo, 2020

En los días que corren, son muchos los sentimientos que agolpan nuestros corazones. En medio de la confusión e incertidumbre, no siempre sabemos cómo vivir esta etapa de nuestra historia. Algunos pueden aparecer como fuertes y expresar que todo esto pronto pasará y que será como una pesadilla nocturna, otros pueden pensar que se exagera, en otros puede haber miedo, angustia, otros pueden aparecer muy optimistas y confiados, pero… ¿cuál será la actitud adecuada?; cuando ya se acerca la Semana Santa, aparece con más fuerza la imagen de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre ahí en el huerto de los olivos y en la cruz, Jesús aparece con miedo, con angustia, con dolor, pero con confianza, creo que esa es la forma en que podemos enfrentar estos acontecimientos, hay cosa que nos superan, puede haber angustia y miedo, es natural que así sea, pero la confianza en un Dios que no nos deja, nos ayudará a seguir caminando esperanzados.

El viernes pasado el Papa Francisco realizó una hermosa y sentida oración en la Plaza de San Pedro vacía, pero abarrotada a la vez de creyentes que por el mundo se unían a esa plegaria. El texto bíblico escogido fue el de la tempestad en el lago, cuando los apóstoles luchaban juntos por mantener la barca a flote mientras Jesús dormía. A partir de ese relato el Papa nos decía: “densas tinieblas han cubierto nuestras ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos”. Más adelante el Papa decía que lo que vivimos ha desenmascarado nuestra vulnerabilidad, nuestras falsa seguridades pero hay salida siempre que como humanidad asumamos este tiempo de prueba como un tiempo de elección, hay esperanza cuando comprendamos que solos nos hundimos, que todos tenemos que aportar cuidándonos y cuidando de los demás, y aquí el Papa agradece y como no hacerlo nosotros también a:” los médicos, enfermeros, enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo”, el Papa rezó por las autoridades que deben tomar decisiones no fáciles y que no siempre gustan. En medio de todo esto, volviendo al texto el Papa rezó al Señor al que igual como los apóstoles hoy como humanidad le gritamos y nos responde invitándonos a confiar y a no dejar de caminar hacia Él.  El Papa nos animaba: “Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores para que los venza. Al igual que los discípulos experimentaremos que con Él a bordo no se naufraga…El Señor nos interpela y nos invita a despertar y activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar sentido a estas horas donde todo parece naufragar”. Y terminó con aquellas palabras tan humanas y tan llenas de fe: “Señor, nos pides que no sintamos temor, pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Más tú, Señor, no nos abandones y en ti descargamos todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas”.

Al igual que como hizo el Papa caminemos confiados y besemos con cariño la imagen del Crucificado y de la Virgen que tengamos en nuestras casas. Dios nos bendiga