Escuchar a Dios


Lunes 02 de Marzo, 2020

El miércoles pasado los cristianos católicos hemos iniciado el tiempo de la Cuaresma que nos ayuda a prepararnos a la celebración del Misterio Pascual de Jesucristo, que recordaremos de manera especial en Semana Santa. 

En este tiempo somos invitados a hacer mejor lo que a diario hacemos, a darle una mirada de eternidad a cada una de nuestras acciones, ya que es verdad que nuestra existencia terrena es frágil como la ceniza que recibimos en nuestras cabezas. Sin embargo, somos un polvo agraciado por Dios y llamados a un destino glorioso, que ni ojo vio, ni oído oyó, ni que por pensamiento humano pasó, y que Dios desea regalarnos. 

Los creyentes esperamos ese regalo con una esperanza activa, y trabajamos la fe que se ha de traducir en obras concretas como son la oración y la caridad, la práctica de la misericordia. 

Otra de las prácticas a la cual somos invitados en Cuaresma, es una que hoy, a oídos de muchos parece como algo añejo, o ajeno al mundo actual. Este, es el ayuno. Sí, el ayuno cómo práctica espiritual, no como una forma de adelgazar, es muy recomendado en la Biblia y en la práctica de la Iglesia. Con todo la misma Escritura nos invita a ir más allá de la materialidad del ayuno: comer poco o solo pan y agua, sino que nos invita a hacer de él una expresión de fe y generosidad, aquí algunos textos: 

“El ayuno que Yo amo, dice el Señor, es soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos, compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo, cubrir al que veas desnudo y no desatender a los semejantes.”, un texto de Isaías que sin duda ilumina el querer de los chilenos que deseamos una Patria justa y donde sepamos estar atentos unos a otros. La Palabra de Dios nos invita a trabajar por lo que es justo, algo ante lo cual no podemos descansar. Un poco más adelante Dios sigue hablando por medio del profeta: “si eliminas el gesto amenazador y la palabra maligna entonces tu luz se alzará en las tinieblas…” la misma Palabra que nos lleva a trabajar por lo que es justo nos dice ahora cómo hacerlo, con que espíritu, con qué fuerza. Hoy vemos muchos gestos amenazadores y surgen palabras violentas entre nosotros que no construyen; por qué no hacer caso a Dios que nos anima a no callar, pero sí a saber gritar, a hacer el bien aunando fuerzas y voluntades, y no separándonos en la consecución de lo que es justo. 

Que en este periodo de Cuaresma, iluminados por la Palabra de Dios contribuyamos al Chile que queremos. 

¡Si escucháramos la voz de Dios!