Aniversario


Lunes 20 de Enero, 2020

Se han cumplido dos años de la visita del Papa Francisco a nuestra ciudad, En la homilía de la Misa celebrada en Playa Lobito nos animaba a saber valorar, cuidar y profundizar la forma que se vive la fe en este norte, nos decía: “Vengo como peregrino a celebrar con ustedes esta manera hermosa de vivir la fe. Sus fiestas patronales, sus bailes religiosos —que se prolongan hasta por una semana—, su música, sus vestidos hacen de esta zona un santuario de piedad popular. Porque no es una fiesta que queda encerrada dentro del templo, sino que logran vestir a todo el poblado de fiesta. Ustedes saben celebrar cantando y danzando «la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante de Dios. Así llegan a engendrar actitudes interiores como la paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción». De cada una de nuestras fiestas nosotros los creyentes debiéramos salir fortalecidos en la fe, y con la clara conciencia que, así como en el Señor hemos buscado nuestra fuerza el mismo Dios nos envía a ser constructores de su reino. El texto del evangelio que el Papa nos enseñó fue el de la Bodas de Caná, donde aparece la Virgen intercediendo ante una necesidad y advirtiéndonos que hemos de ser capaces de hacer lo que Jesús nos diga cada. Jesús realizó aquel día un milagro, pero contando con la ayuda de los que ahí estaban., por eso el Papa nos recordó: Cristo «vino a este mundo no para hacer una obra solo, sino con nosotros”. El milagro que hizo Jesús con la colaboración de la gente hizo posible que la fiesta pudiera continuar, incluso mejor que lo que había sido hasta ese momento. Pienso que el recordar esto en los momentos que vivimos como país, nos hace bien; quisiéramos que en la mesa de Chile todos pudieran sentarse en un ambiente de fraternidad, a esto todos hemos de colaborar, los creyentes rezando y pidiendo esa gracia al Señor, pero aportando también con nuestro trabajo, participación, colaborando con lo mejor de nosotros mismos el milagro de la fraternidad, la justicia y la paz puede ser posible. El Papa ante la realidad de los migrantes en nuestra país y región nos invitó a estar atentos para ver que podemos hacer y en qué podemos ayudar, sus palabras iluminan también hoy la realidad de nuestro país el cual hemos de querer transformar, nos decía: “Como María en Caná, busquemos aprender a estar atentos en nuestras plazas y poblados, y reconocer a aquellos que tienen la vida «aguada»; que han perdido —o les han robado— las razones para celebrar. Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla». Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Como los servidores de la fiesta aportemos lo que tengamos, por poco que parezca. Al igual que ellos, no tengamos miedo a «dar una mano», y que nuestra solidaridad y nuestro compromiso con la justicia sean parte del baile o la canción que podamos entonarle a nuestro Señor”. Que las palabras del Papa nos motiven a no ser espectadores de lo que sucede a nuestro alrededor sino a ser constructores con esperanza de esa Patria que anhelamos, todos podemos hacer algo por aliviar las sed y hambres que hay a nuestro alrededor, solo se necesita mirar la realidad y aportar nuestro poco de agua o los pequeños peces y panes que aportó el niño del evangelio, lo pequeño nuestro se hace grande cuando lo ponemos en las manos de Dios es decir cuando construimos con fe y esperanza, cuando no nos cansamos de hacer el bien.