Lágrimas


Lunes 09 de Diciembre, 2019

Cada año cuando llega la Teletón somos estremecidos por testimonios de personas y
familias que nos cuentan sus experiencias de vida en medio del dolor, la prueba, la
enfermedad; realidades ante lo cual pienso que la mayoría no permanecemos
insensibles, y lágrimas corren por nuestras mejillas. En el hoy de nuestro Chile que
deseamos más justo, se ha dado también que muchos programas de radio o televisión
(hasta ayer faranduleros) han optado por ser plataformas de diálogos y encuentro
tremendamente constructivos, donde también se nos presentan realidades que hacen
llorar por lo fuerte del dolor que expresan o por la cuota de esperanza que regalan. A
propósito de esto recordé unas palabras del Papa Francisco y que me permito
parafrasear con ustedes:


“Quizá aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar.
Ciertas realidades de la vida solamente se ven con los ojos limpios por las lágrimas. Los
invito a que cada uno se pregunte. ¿Yo aprendí a llorar?, ¿Lloro cuando veo a alguien
drogado, en la calle, a alguien con hambre, abandonado, sin casa, abusado? ¿O mi llanto
es solo el llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más?
Intentemos aprender a llorar. La misericordia y la compasión también se expresan
llorando. Si no te sale, ruega al Señor que te conceda derramar lágrimas por el
sufrimiento de otros, Cuando sepamos llorar, entonces sí seremos capaces de hacer algo
por los demás”.


Espero que la realidad que nos ha tocado vivir como país nos haya enseñado de alguna
manera a llorar, que las lágrimas sean como el colirio que limpia la mirada para ver las
realidades que no quisimos ver por egoísmo o porque libremente nos dejamos
adormecer con el espíritu mundano con los cuales muchos medios, que nosotros
buscamos, nos anestesiaban: historias de “estrellas”, banalidades y distracciones con
las cuales descansábamos luego de nuestro arduos trabajos o que adormecían nuestras
necesidades y frustraciones. La dura experiencia que nos ha tocado vivir, las
consecuencias de ello que todos comenzamos a sentir, nos den la capacidad de saber
mirarlas y enfrentarlas con esperanza y con espíritu de diálogo fecundo, de trabajo
comprometido, de participación activa, de capacidad de compartir lo que somos y
tenemos; sí, que las lágrimas que hemos aprendido a derramar, no solo por los efectos
de la lacrimógenas, sino, sobre todo por la conmoción del corazón, nos ayuden a saber
ver realidades que están ahí para ser atendidas y ante las cuales todos podemos hacer
algo. Que las lágrimas nos ayuden a ver, a saber sentir, y a saber hacer cosas buenas por
los demás.