La Biblia


Martes 24 de Septiembre, 2019

Cada 30 de septiembre la Iglesia nos invita a recordar la figura de San Jerónimo,
aquel hombre cultísimo que allá por el siglo IV, por encargo del Papa Dámaso,
tradujo las sagradas Escrituras de sus lenguas originales al latín la lengua más
hablada en ese tiempo. La obra de Jerónimo llevó el nombre de Vulgata porque
estaba pensada para la mayoría de la gente que ahora podría conocer la Palabra
de Dios en su propio idioma. Durante siglos esta fue la traducción oficial para la
Iglesia Católica de los Libros Sagrados. Los cristianos debemos leer y conocer la
Palabra de Dios. Para cualquier cristiano es primordial conocer más y más la
revelación que nos llega por la Sagrada Escritura. Por ello, la misión de divulgar la
Palabra de Dios es una de las más necesarias en la Iglesia de nuestro tiempo. La
Biblia es un tesoro de sabiduría divina y humana, viva expresión del designio de
salvación del Dios misericordioso que ha salvado a la humanidad en y por
Jesucristo. En la constitución del Vaticano II sobre la Palabra de Dios se lee: “La
Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras, como también ha venerado el
Cuerpo mismo del Señor. Por ello, especialmente en la sagrada liturgia, nunca
deja de tomar el pan de vida de la mesa, de alimentarse de él y de distribuirlo a
los fieles, tanto el pan de la Palabra de Dios como el Cuerpo de Cristo.” En la
mayoría de nuestras casas está la Biblia, es importante sí, que no esté solo como
un adorno en el altar hogareño, sino que sea un libro leído y meditado por todos.
La lectura pausada y hecha oración de la Biblia es muy necesaria para el hombre
y la mujer de hoy. Aunque tengamos la tentación del desánimo, del cansancio, del
abandono, del negarse a nadar contra la corriente, la lectura de la Palabra de
Dios, sobre todo del Evangelio, será siempre para el creyente fuente de vida y
esperanza.
“Lámpara es tu Palabra para mis pasos luz en mi sendero” así habla el salmista
de la Palabra de Dios, es decir como una guía clara y necesaria para poder
enfrentar la vida. Tomemos entonces la Sagrada Escritura y leamos, no solo la
escuchemos en la Iglesia, sino que cada uno escrute en ella lo que el Señor nos
quiere decir y dejándonos iluminar por ella tratemos de vivir lo que vamos
aprendiendo, asumamos lo que San Pablo nos enseña en la carta a Timoteo.
“Recuerda que desde niño conoces las sagradas Escrituras, que pueden instruirte
y llevarte a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura está
inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en
una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y
completamente preparado para hacer toda clase de bien. “
Que cada día podamos dedicar unos minutos a la lectura de la Biblia, una buena
cosa sería poder leer los textos de la Misa diaria, que son textos relativamente
breves y que si lo hacemos ni nos daremos cuenta cuando en poco tiempo la
habremos leído entera, hoy es muy fácil por internet tener acceso a estos textos
cada día. No solo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca
de Dios.