Migrantes


Lunes 02 de Septiembre, 2019

Cada año, el primer domingo de septiembre al iniciarse el Mes de la Patria, la Iglesia en Chile, invita a los cristianos católicos a mirar, orar y actuar ante la realidad de la Migración que hace ya años nos golpea fuertemente.

La realidad de la migración que recorre la historia de la humanidad, cobra en nuestro tiempo una fuerza sin precedentes. Son miles las personas que dejan su tierra buscando un lugar donde poder vivir en paz y con esperanzas de un futuro mejor. A diario los medios nos informan de esta verdad en diversos lugares del mundo, y que también, palpamos en nuestras calles, barrios, escuelas, y lugares de trabajo.

La realidad de la migración puede suscitar en nosotros distintas respuestas, a veces hay temor, surgen preguntas: ¿Estamos preparados para acoger a tantos que van llegando? ¿Habrá trabajo para todos? ¿Sabremos entendernos?, etc.  El Papa Francisco nos enseña: “El problema no es el hecho de tener dudas y sentir miedo. El problema es cuando esas dudas y esos miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar hasta el punto de convertirnos en seres intolerantes, cerrados y quizás, sin darnos cuenta, incluso racistas. El miedo nos priva así del deseo y de la capacidad de encuentro con el otro, con aquel que es diferente; nos priva de una oportunidad de encuentro con el Señor”.

La actualidad de la migración ha de motivarnos a la compasión, actitud que toca la fibra más sensible de nuestra humanidad, provocando un apremiante impulso a “estar cerca” de quienes vemos en situación de dificultad.  La presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representa hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades. Razón por la cual, “no se trata sólo de migrantes” significa que, al mostrar interés por ellos, nos interesamos también por nosotros, por todos; que, cuidando de ellos, todos crecemos; que, escuchándolos, también damos voz a esa parte de nosotros que quizás mantenemos escondida.

 La respuesta, nos dice el Papa, al desafío planteado por las migraciones contemporáneas se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Estos verbos han de llevarnos a acciones concretas, cada uno en su ambiente y así estaremos contribuyendo no solo a la causa de los migrantes, no se trata sólo de ellos, sino de todos nosotros, del presente y del futuro de la familia humana. A través de los migrantes, el Señor nos llama a una conversión, a liberarnos de los exclusivismos, de la indiferencia y de la cultura del descarte. A través de ellos, el Señor nos invita a reapropiarnos de nuestra vida cristiana en su totalidad y a contribuir, cada uno según su propia vocación, a la construcción de un mundo que responda cada vez más al plan de Dios.

Al inicio del Mes de la Patria, tratemos todos de entender que esta copia feliz del edén es la casa de quienes en suerte nos ha tocado aquí nacer y lo es también para aquellos que buscan una nueva esperanza, hoy nuestra patria es la patria también de aquellos que han optado por llegar a habitar en ella.