El Agua


Lunes 01 de Abril, 2019

Cada año el 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, es un momento especial para reflexionar como comunidad acerca de ese don que nos permite vivir y que hoy vemos se vuelve escaso. Ya se habla  del agua como de una de las futuras próximas emergencias, pero que en no pocos casos ya es un presente preocupante. Se han multiplicado publicaciones, congresos, nacionales e internacionales, para discutir el problema y los modos para remediar lo que es visto por algunos como la bomba de tiempo y como fuente de nuevos conflictos. Sin agua no hay vida, mucho menos vida humana. En todas las religiones el agua es símbolo de fecundidad, más aún se encuentra en el origen de toda fecundidad, y es signo de purificación y de limpieza. Es signo de bendición y de supervivencia. En la Biblia, Dios mismo es exaltado como fuente de agua viva y  baste recordar toda la liturgia bautismal para nosotros cristianos, tan importante, donde el agua ocupa un lugar central, como signo de purificación, renovación y vida nueva. Por otro lado las aguas  desbordadas llevan consigo muerte y destrucción, realidad que hace poco vivimos como región. Con todo, el agua es necesaria y por lo mismo no podemos perder de vista que la cantidad de agua disponible, según algunos expertos, se ha reducido en un 40% en los últimos treinta años por efecto tanto del aumento demográfico, por los usos industriales y agrícolas como por la contaminación. Una cuarta parte de la tierra está amenazada por la desertificación, y amplias zonas húmedas se han perdido. Nosotros que vivimos en el desierto más árido del mundo, debiéramos ser los primeros en agradecer por contar con el don del agua y cuidarla como un tesoro. Campañas de educación a todo nivel debieran estar constantemente formándonos en esta línea. Las escuelas, medios de comunicación, debieran estar a la cabeza en esta tarea.

El recurso agua debemos cuidarlo hoy para nosotros, y pensando en las futuras generaciones. Desde la ciudad hemos de mirar también  a los pueblos del interior, que desde lejanos tiempos gracias al agua que regaba sus pampas y quebradas, son lugares donde se creó cultura y con el trabajo de su gente se alimenta hasta hoy, a generaciones en el desierto. Ellos, nosotros y las futuras generaciones necesitamos el agua para vivir. Que la lucidez de las autoridades, la responsabilidad social de las empresas que les ha de llevar a invertir recursos en buscar las formas de preservar tan vital elemento y el cuidado  y la generosidad de todos nos lleve a velar por cada gota de agua.