Jóvenes


Lunes 12 de Noviembre, 2018

Durante el mes de octubre se realizó en el Vaticano una reunión de Iglesia  llamada Sínodo, dedicada a escuchar a los jóvenes y a buscar como creyentes la manera de acompañar sus vidas. Obispos de todo el mundo, con jóvenes delegados compartieron, rezaron, se escucharon, soñaron juntos una Iglesia y un mundo donde los jóvenes sean protagonistas. El Papa Francisco,  a lo largo de su pontificado se ha preocupado de animar  a los jóvenes a seguir a Cristo, a vivir la fe con radicalidad, y a no dejarse llevar de las modas pasajeras del momento, del individualismo, del utilitarismo, de la cultura del descarte en la que vivimos sumergidos.

“No balconeen la vida. Métanse en ella como Jesús”, les decía, como invitándolos a no ser espectadores pasivos de lo que pasa sino a colaborar con lo bueno y a ser factores de cambio en lo que está mal.

 “Queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a ‘vegetar’, a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca, al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar una huella

“Existe una peligrosa parálisis para los jóvenes que muchas veces es difícil de identificar: me gusta llamarla la parálisis que nace cuando se confunde ‘felicidad’ con un ‘sofá’. Sí, creer que para ser feliz necesitamos un buen sofá. Un sofá que nos ayude a estar cómodos, tranquilos, bien seguros. Un sofá –como los que hay ahora modernos con masajes adormecedores incluidos– que nos garantiza horas de tranquilidad para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas frente a la computadora”.

“Amigos, Jesús es el Señor del riesgo, es el Señor del siempre «más allá». Jesús no es el Señor del confort, de la seguridad y de la comodidad. Para seguir a Jesús, hay que tener una cuota de valentía, hay que animarse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados y menos pensados, por caminos que abran nuevos horizontes, capaces de contagiar alegría, esa alegría que nace del amor de Dios, la alegría que deja en tu corazón cada gesto, cada actitud de misericordia.

En Iquique son muchos los jóvenes que saber tener estas actitudes y están atentos a como poder servir, esto lo experimentamos tanto en la comunidad de Iglesia como en la comunidad civil. Que importante es que los adultos les demos espacio, creamos en ellos, seamos capaces de acompañarlos y darles alas para que desarrollen sus talentos y ganas de servir. Son ellos los que deben tener acogida en nuestra organizaciones si bien es cierto debemos transmitirles conocimientos y tradiciones, somos los adultos los que también debemos acoger las nuevas ideas y proyectos, en definitiva, con respeto hemos de aprender unos de otros. El mundo es un reto para todos pero lo es de manera especial para los jóvenes, démosle oportunidad.