SOLIDARIDAD


Lunes 20 de Agosto, 2018

El mes de agosto, está dedicado en Chile a reflexionar sobre la virtud de la solidaridad. La razón de esto la encontramos en que en el corazón de este mes, los católicos y los chilenos todos, recordamos a San Alberto Hurtado, campeón de la solidaridad y quien con su ejemplo y motivación nos anima a vivirla con alegre entrega.

En la Palabra de Dios encontramos una invitación a darle sentido a nuestra vida sirviendo a los más necesitados. En el profeta Isaías encontramos el siguiente texto: “¿No saben, cuál es el ayuno que me agrada? Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libre a los oprimidos, compartir tu pan con el hambriento… entonces tu luz surgirá como la aurora…”. Para quienes creemos hay una unión vital entre el amor a Dios y el amor al prójimo. “El que dice amar a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso…”. La solidaridad ha de surgir entonces, como la expresión directa del amor a Dios en nuestros hermanos.

Muchas veces decimos que nuestra sociedad es individualista, sin embargo es hermoso constatar la cantidad inmensa de personas que sienten el llamado a servir, a olvidarse de sí mismos y a pensar en el bien de los demás especialmente de los más vulnerables. En nuestra ciudad de Iquique y Región son muchos los hombres y mujeres, adultos y jóvenes, que en nuestra comunidad cristiana y distintas organizaciones, suman a las tareas que realizan el dar tiempo para estar con quienes les necesitan. Comedores, rutas fraternas (ayudando a quienes viven en situación de calle), apoyo a migrantes, acompañando a adultos mayores,niños, etc. Las personas que esto hacen, han experimentado lo que también nos enseña la Palabra: “Hay más alegría en el dar que en el recibir”. Los que participan de estas acciones solidarias aprenden, sin duda, a ser personas más agradecidas con lo que tienen, logran ser más fuertes ante la adversidad, crecen en humanidad. El contacto con el dolor y las diferentes necesidades les ayuda a nos pensar tanto en sí mismas sino a crecer entregándose a los demás, a vencer egoísmos y a vivir con más apertura y generosidad. Pienso que una  buena terapia para vencer los desalientos, adicciones, angustias, sería formar parte de algún voluntariado de servicio, los pobres y sufrientes serán una buena escuela para ayudar a no dejarse vencer fácilmente por lo adverso y a saber descubrir las cosas simples que dan sentido y esperanza a la vida.

Siempre tendremos motivos para ser solidarios. Unámonos a tantos que ya lo son y que así nuestras vidas se llenen de sentido y que en el mundo haya  motivo para mantener la esperanza, porque en él hay mucha gente buena.