GRACIAS


Lunes 23 de Julio, 2018

Al celebrar la Fiesta de la Virgen en La Tirana, ante la multitud reunida llena de fe y confianza a pesar de todo lo que estamos viviendo en la Iglesia, como obispo no pude menos que con las palabras de Pablo a los Tesalonicenses darles las gracias.

“Damos gracias a Dios por ustedes

por su fe que produce frutos,

por su amor que sabe actuar,

por su esperanza en Cristo Jesús, que no se desanima”.

Un año más llegamos a ver a nuestra Madre, o mejor a dejarnos mirar por Ella y este año junto a los gozos y penas que cada uno trae, se suma el que traemos la pena de una Comunidad de Iglesia herida, dañada, avergonzada.

Con todo ustedes están aquí con gozo y esperanza.

Cómo no agradecer entonces, por esa fe que da frutos de perseverancia, a pesar de que quizás en nosotros sus pastores, no siempre han visto el mejor de los ejemplos, como en este tiempo nos lo han mostrado los medios de comunicación y la directa preocupación del Papa, para lograr que nuestra Iglesia en Chile, pueda responder con mayor fidelidad al Señor.

Pero ustedes han venido, aquí están. Gracias por  no avergonzarse de ser cristianos católicos, aunque en este último tiempo pareciera mejor no creer. Gracias por enfrentar la crítica de familiares y amigos o por haber vencido los cuestionamientos o dudas que surgen en el propio corazón.

Pero aquí están ustedes como dice Pablo con su fe que produce frutos, con su amor que sabe actuar, con su esperanza en Cristo Jesús, que no desanima. Les recuerdo que para el creyente, la esperanza no es un optimismo fácil, sino que es la capacidad de no desfallecer frente a los problemas.

Quisiéramos que esta fiesta junto a la Virgen sea como aquel momento en que Ella reunió a los amigos de su hijo, sí a los amigos que habían fallado negándolo o huyendo ante la cruz, pero Ella como buena Madre los reunió para rezar, para hablarles de Jesús para esperar juntos Pentecostés.

Hoy nuestra Iglesia necesita un nuevo Pentecostés, aquí estamos los que amamos al Señor, a pesar de que muchas veces fallamos, aquí estamos para acordarnos y rezar por quienes han sufrido por la inconsecuencia de hermanos que debieron haber sido los primeros en cuidar a aquellos predilectos del Señor que se les había confiado, rezamos por las víctimas y también por los causantes de tanto dolor.

Aquí estamos porque todos necesitamos el cariño de nuestra Madre para ser confirmados en la fe, porque ustedes y también nosotros estamos desconcertados y dañados.

Con todo seguiremos anunciando y proclamando nuestra fe porque en medio nuestro pecado, seguimos creyendo que somos portadores de un tesoro, aunque lo llevamos en este vaso de barro que somos nosotros.

Necesitamos como Comunidad mirarnos. Recobrar confianzas, perdonar y ser perdonados.

Necesitamos que el Señor nos regale esa fe de María para no huir, para no dispersarnos, para no traicionar sino para que con la Fe fuerte de María, sepamos esperar luego de la oscuridad del Viernes Santo el alba luminosa de la Resurrección.

 Hermanos y hermanas, una vez más les digo gracias por su fe, por su amor que sabe  actuar, por su esperanza en Cristo Jesús que no desanima.

 Que la Virgen nos enseñe a ser Iglesia renovada, familia de Dios fortalecida, cristianos comprometidos, apóstoles decididos, católicos convencidos.