Ver y actuar


Jueves 17 de Noviembre, 2016

Hace veinte años atrás, llegó a Iquique el Hermano Paul, misionero alemán de la Congregación del Verbo Divino. Al llegar al norte ,venía desde el sur del país, no sólo vio una ciudad pujante y que se modernizaba, sino que vio con dolor a muchos niños que sufrían una gran vulnerabilidad: familias desechas, madres solas, abuelos cuidando a nietos, niños desprotegidos y todo esto en una situación de precariedad. Al constatar este dolor, el religioso no pasó de largo, sino que metiéndose en esa realidad y motivando a otros que, miraban pero no siempre veían esta cruda realidad, a inmiscuirse, logró que surgiera la “Fundación Niños en la Huella”  aludiendo a la realidad de tantos niños ahí, como a la vera del camino extendiendo una mano pidiendo que se les ayudara a levantarse y caminar con dignidad. En distintos centros y respondiendo a diversas necesidades esta Fundación ha hecho mucho bien, hoy son muchos los niños que se han visto beneficiados con la generosa visión del Hermano , de muchos iquiqueños y de buenos padrinos que desde Alemania han sabido ayudar. Hoy son no pocos los jóvenes profesionales, o trabajadores calificados, algunos con sus familias ya constituidas que se enorgullecen y agradecen el servicio, la atención y el cariño que en los Centros de la Fundación, se les brindó. Notable es la entrega del Hermano Paul, que en una pobreza digna ha sabido vivir él y sus niños, que con razón algunos le llaman Papá. Hoy cuando ya tiene 88 años, él sigue soñando como servir y como motivar a otros a lo mismo.

En Iquique y en toda nuestra sociedad, hay muchas realidades que claman ayuda. Hoy sabemos que las expectativas de vida han aumentado y los adultos mayores necesitan de mucha atención, en nuestra ciudad solo tenemos un Hogar de Ancianos que puede acoger a quienes a nadie tienen o no les pueden tener. Como Comunidad hemos de ver cómo ayudar. Son muchos los que viven en situación de calle, fácilmente encontramos excusas para pasar de largo; a veces podemos tener razón en nuestras apreciaciones, pero mientras tanto hay hombres y mujeres que necesitan un poco de atención, de nuestra atención. Sin duda las autoridades tienen que ir asumiendo estas realidades y poder implementar las ayudas necesarias, pero nadie de nosotros debe sentirse sin responsabilidad.

En el evangelio leemos el episodio del Buen samaritano. Aquel hombre cuando vio al herido que otros miraron, no se puso a pensar, yo no soy enfermero, no tengo suero ni vendas para limpiar, sino con lo poco que tenía: aceite y vino limpió esas heridas y con cariño cuidó de aquel hermano. Hoy es bueno que todos podamos Ver, no solo mirar realidades y tratar de ayudar con lo que tenemos, a veces una palabra, una sonrisa, una ayuda material, involucrarme en alguna institución, soñar como poder servir.

En el año de la misericordia, necesitamos muchos hermanos Paul, que sepan sentir con el hermano sufriente y sepamos llevar un poco de esperanza. Ver y Ayudar es tarea de todos.