TODOS CONTAMOS


Lunes 11 de Junio, 2018

El Papa Francisco ante la crisis que vive la Iglesia Católica en Chile, como pastor universal, ha intervenido de diversas formas, buscando aquello que ayude a sanar heridas y sirva para una real transformación en la forma de ser Iglesia. Es así como la semana pasada envió una carta a los católicos de  Chile, a los que motivo a leerla e interiorizarla. Creo  también que el tenor y contenido de la carta puede ser una iluminación para  ser una mejor sociedad. La carta dice en una de sus partes: “ Como le dije a los jóvenes en Maipú quiero decírselo de manera especial a cada uno: «la Santa Madre Iglesia hoy necesita del Pueblo fiel de Dios, necesita que nos interpele […] La Iglesia necesita que Ustedes saquen el carné de mayores de edad, espiritualmente mayores, y tengan el coraje de decirnos, ‘esto me gusta’, ‘este camino me parece que es el que hay que hacer’, ‘esto no va’… Que nos digan lo que sienten y piensan». “Esto es capaz de involucrarnos a todos en una Iglesia con aire sinodal que sabe poner a Jesús en el centro. En el Pueblo de Dios no existen cristianos de primera, segunda o tercera categoría. Su participación activa no es cuestión de concesiones de buena voluntad, sino que es constitutiva de la naturaleza eclesial. Es imposible imaginar el futuro sin esta unción operante en cada uno de Ustedes que ciertamente reclama y exige renovadas formas de participación. Insto a todos los cristianos a no tener miedo de ser los protagonistas de la transformación que hoy se reclama y a impulsar y promover alternativas creativas en la búsqueda cotidiana de una Iglesia que quiere cada día poner lo importante en el centro. Invito a todos los organismos diocesanos ?sean del área que sean? a buscar consciente y lucidamente espacios de comunión y participación para que la Unción del Pueblo de Dios encuentre sus mediaciones concretas para manifestarse”. La invitación que hace el Papa y que como Iglesia hemos de realizar sin dilación, es algo también necesario en tanto aspectos en medio de nuestra sociedad, la cual también es responsabilidad de todos.

Hoy,  en Chile, todos estamos llamado a una mayor y efectiva participación. No es difícil ver que como ciudadanos muchas veces nos hemos encerrado en nuestras opiniones y comodidades y hemos ido perdiendo un fuerte grado de compromiso con los demás. Pareciera que las vocaciones políticas o de servicio estuvieran tan escasas como las vocaciones sacerdotales o religiosas. Parece ser cierto también en medio nuestro, que como dice Francisco gustáramos de “Balconear “lo que sucede a nuestro alrededor y no involucrarnos en acciones de cambio. Hay sí, quienes no conformes con la  realidad circundante buscan cambios un poco a la fuerza, en base a violencia o descalificaciones; el Papa nos muestra otro camino: participación, coraje para decir las cosas, sentir el poder que tenemos en los procesos de cambios y aportar con el trabajo perseverante, las buenas ideas y el deseo de no ser espectadores sino actores de cambios.

Tanto en la Iglesia como en la Sociedad civil nadie sobra y es bueno que asumamos “nuestra mayoría de edad”; todos contamos para que la política, las instituciones civiles, los centros de padres, juntas de vecinos, clubes, voluntariados, etc. con la participación activa y responsable de muchos sean constructores de cosas nuevas.