Iglesia en tiempo de crisis


Lunes 28 de Mayo, 2018

En este último tiempo la Iglesia en Chile, y en ella la figura de obispos y sacerdotes hemos estado en primera plana de las noticias y no precisamente por cosas buenas. Con todo lo doloroso que vivimos podemos decir. ¡Qué bueno que a la Iglesia se le exija, y con razón, más que al resto de la sociedad!, no podría sr de otro modo, si ella está llamada a ser luz en medio de los pueblos.

De la Iglesia decimos que es santa porque su Cabeza, Cristo Jesús es Santo y porque en ella el Señor ha dejado todos los medios para la santificación de las personas, pero en su interior lleva a pecadores que somos nosotros.

Los que nos decimos miembros de la Iglesia, estamos llamados a ser luz y sal de la tierra, es decir, a iluminar y dar sabor a Cristo a una humanidad que no pocas veces camina en tinieblas y se vuelve cada vez más insípida.

A lo largo de toda su historia, la Iglesia ha enfrentado momentos difíciles, motivados muchas veces por la infidelidad de algunos de sus miembros, pero siempre ha triunfado la fidelidad de Dios y la generosidad de tantos creyentes, hombres y mujeres, laicos y consagrados, que desde el aparente anonimato de sus vidas han contribuido a su renovación y florecimiento. Los tiempos de crisis han sido los momentos del aparecer de grandes santos y renovadores.

Conocido es aquel episodio, cuando un grande de este mundo, embebido de su orgullo y poder dice en un momento a un cardenal: “Eminencia, yo destruiré a la Iglesia; a lo que el cardenal responde: Excelencia, ni nosotros lo hemos podido hacer”.

Los delitos y pecados cometidos por algunos miembros de la Iglesia, sin duda oscurecen su misión. Razón tienen muchos creyentes para estar desconcertados. Algunos encontrarán ahora el motivo para hacer efectivo el a alejamiento que ya venían teniendo. Aunque nos duela, nos hace bien la crítica y la exposición; con todo, esperamos que el fuerte remezón que vivimos, nos motive a la conversión, a ser más responsables en no separar fe y vida, y a saber caminar con la mirada puesta en Jesús que es el consumador de nuestra fe.

En una ocasión ante la predicación de Jesucristo, la gente comenzó a alejarse, Jesús se dolió, miró a los apóstoles y les dijo: ¿Ustedes también se irán? , a lo que Pedro respondió: a quien otro vamos a ir, Señor, si solo tú tienes palabra de vida eterna.

Quiera Dios, que muchos hoy podamos responder de la misma manera.