Día del Trabajo


Lunes 30 de Abril, 2018

Mañana celebraremos el Día del Trabajador y para esto en la Iglesia recordamos a San José Obrero, el artesano de Nazaret. A la luz de esta efeméride, comparto con ustedes algunos criterios de la doctrina social de la Iglesia en torno al trabajo y los trabajadores.

El trabajo es un don de Dios, un bien del hombre. Una vida sin trabajo se corrompe, y en el trabajo el hombre se hace más hombre. El trabajo es consecuencia del mandato de dominar la tierra dado por Dios a la humanidad. Tiene un especialísimo valor el ejemplo de trabajo que nos dio Jesús a lo largo de la mayor parte de su vida. De los treinta y tres años que pasa en la tierra, treinta los vivió como un hombre más, en medio de una vida ordinaria de trabajo. Jesús nos enseña con su ejemplo que todo trabajo nos puede llevar hacia Dios; cualquier trabajo digno y noble en lo humano puede convertirse en un quehacer divino. Para la gran mayoría de las personas, ser santo supone santificar el propio trabajo (es decir: hacerlo bien, bajo la mirada de Dios, ofreciendo  su trabajo a Dios, haciéndolo con alegría y fortaleza). Los hombres y las mujeres que, mientras procuran el sustento para sí y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien  de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia. La Iglesia reza bellamente: “Señor, el universo está lleno de tu presencia, pero sobre todo has dejado la huella de tú gloria en cada hombre y mujer creados a tu imagen, Tú los llamas a cooperar con el trabajo de cada día en el proyecto de la creación y les das tu Espíritu para que sean artífices de justicia y de paz”

Porque el hombre es para el trabajo y no el trabajo para el hombre, es que” Cristo no aprobará jamás que el hombre sea considerado o se considere así mismo solamente como un instrumento de producción; que sea apreciado, estimado y valorado según ese principio ¡Cristo no lo aprobará jamás!. Por esto se ha hecho clavar en la cruz, como sobre el frontispicio de la gran historia espiritual del hombre. Para oponerse a cualquier degradación del hombre, también a la degradación mediante el trabajo. De esto deben acordarse tanto los trabajadores como los que proporcionan trabajo; tanto el sistema laboral, como el de la retribución. Lo deben recordar el Estado, la nación y la Iglesia”

 

Hermanos y hermanas trabajadoras que el Señor les bendiga a ustedes y sus familias y que El mueva el corazón de todos los que pueden crear fuentes de trabajo digno, para que cada hombre y mujer contando con esta bendición se sepa colaborando en la obra creadora de Dios

Mañana celebraremos el Día del Trabajador y para esto en la Iglesia recordamos a San
José Obrero, el artesano de Nazaret. A la luz de esta efeméride, comparto con ustedes
algunos criterios de la doctrina social de la Iglesia en torno al trabajo y los trabajadores.
El trabajo es un don de Dios, un bien del hombre. Una vida sin trabajo se corrompe, y en
el trabajo el hombre se hace más hombre. El trabajo es consecuencia del mandato de
dominar la tierra dado por Dios a la humanidad. Tiene un especialísimo valor el ejemplo
de trabajo que nos dio Jesús a lo largo de la mayor parte de su vida. De los treinta y tres
años que pasa en la tierra, treinta los vivió como un hombre más, en medio de una vida
ordinaria de trabajo. Jesús nos enseña con su ejemplo que todo trabajo nos puede llevar
hacia Dios; cualquier trabajo digno y noble en lo humano puede convertirse en un
quehacer divino. Para la gran mayoría de las personas, ser santo supone santificar el
propio trabajo (es decir: hacerlo bien, bajo la mirada de Dios, ofreciendo su trabajo a
Dios, haciéndolo con alegría y fortaleza). Los hombres y las mujeres que, mientras
procuran el sustento para sí y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte
provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que con su trabajo
desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo
personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia. La Iglesia reza
bellamente: “Señor, el universo está lleno de tu presencia, pero sobre todo has dejado
la huella de tú gloria en cada hombre y mujer creados a tu imagen, Tú los llamas a
cooperar con el trabajo de cada día en el proyecto de la creación y les das tu Espíritu
para que sean artífices de justicia y de paz”
Porque el hombre es para el trabajo y no el trabajo para el hombre, es que” Cristo no
aprobará jamás que el hombre sea considerado o se considere así mismo solamente
como un instrumento de producción; que sea apreciado, estimado y valorado según ese
principio ¡Cristo no lo aprobará jamás!. Por esto se ha hecho clavar en la cruz, como
sobre el frontispicio de la gran historia espiritual del hombre. Para oponerse a cualquier
degradación del hombre, también a la degradación mediante el trabajo. De esto deben
acordarse tanto los trabajadores como los que proporcionan trabajo; tanto el sistema
laboral, como el de la retribución. Lo deben recordar el Estado, la nación y la Iglesia”
Hermanos y hermanas trabajadoras que el Señor les bendiga a ustedes y sus familias y
que El mueva el corazón de todos los que pueden crear fuentes de trabajo digno, para
que cada hombre y mujer contando con esta bendición se sepa colaborando en la obra
creadora de Dios