PASCUA


Lunes 02 de Abril, 2018

¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! Así se han saludado a lo largo de siglos muchos cristianos en días como hoy. La certeza de la resurrección es fundamental para nosotros cristianos. Si el Señor no ha resucitado nuestra fe  es vana. El misterio de la resurrección no sólo nos abre la esperanza de la vida eterna: la muerte ha sido vencida, sino que también es germen de  esperanza para el hoy de nuestras vidas.

Porque Cristo ha resucitado es que los apóstoles salieron a predicar el evangelio. Porque la resurrección de Cristo tiene una fuerza transformadora, es que los  primeros creyentes en Cristo, con solo su ejemplo de vida, sin la fuerza de las armas ni del poder lograron cambios profundos en su sociedad. Porque la fuerza de la resurrección nos muestra que Dios ama la vida y que la gloria de Dios es que el hombre viva, es que los creyentes buscaron y hemos de buscar el llevar vida a todos. Entendemos así entonces que, fruto del amor al Resucitado hayan surgido en la Iglesia y para bien de la humanidad tantas obras de servicio y caridad.  Es bueno no olvidar que como fruto de la fe en el Resucitado, de aquel que nos señaló la dignada del ser humano y del destino de gloria al que éste está llamado surgieron  las primeras escuelas que formaron niños y jóvenes, sí , estas surgieron en el seno de la Iglesia, también las primeras Universidades, centros de desarrollo del conocimiento. Los primeros hospitales para aliviar el dolor y dar vida, obra de la iglesia. Leprosarios, orfanatos, hogares de ancianos; en los últimos tiempos, casas de acogida para enfermos de sida, obras con migrantes y refugiados; en todos estos lugares de dolor la Iglesia ha querido dar testimonio de un Dios vivo que desea para sus hijos plenitud de vida, y esto se traduce en que algunos se dignifican y plenifican ayudando y sirviendo, practicando la misericordia y otros se dignifican siendo servidos y amparados en sus necesidades. Todos hijos e hijas de Dios llamados a un destino glorioso.

Porque creemos en la verdad, fuerza y poder de la resurrección, es que la iglesia, los creyentes, procuramos no caer en desánimo ni pesimismo antes las contrariedades de la vida o ante el aparente rechazo de la sociedad al mensaje del Resucitado. Porque creemos en un Dios que ama la vida; seguiremos defendiendo la vida y hablando del valor y dignidad de toda vida humana desde su concepción hasta su muerte natural; seguiremos acompañando la vida de  todas las familias pero sin dejar de proclamar ese ideal de familia, que es un hombre y mujer unidos por amor y acogiendo a sus hijos fruto de su amor. Seguiremos promoviendo la dignidad del trabajo y de quienes lo ejercen; continuaremos proclamando la dignidad del ser humano, el cual a pesar de las equivocaciones y hasta horrores que a veces podemos cometer podemos cambiar y ser mejores; seguiremos proclamando que Dios sigue confiando en cada hombre y mujer. La fuerza de la resurrección es un don que hemos de acoger con alegría y nos infunde también energía para grandes tareas que todavía están por realizarse.

Cristo ha resucitado, en El nuestra esperanza, Cristianos anunciémoslo fuerte.