La Misericordia


Lunes 19 de Diciembre, 2016

El santo Padre francisco, nos ha invitado a un año en el cual vivamos con fuerza la misericordia. El Papa en todo su pontificado ha querido poner de manifiesto lo necesario que es para nuestro mundo el hecho de poder mostrarnos entre nosotros, ternura, atención a las necesidades que tenemos, cercanía. Vivimos en el tiempo de las comunicaciones, pero la realidad es que estamos lejanos, conocemos lo que pasa al otro lado del mundo al instante, y no tenemos idea de las cruces que cargan aquellos que están a nuestro lado. Ante esta realidad se hace necesario detenernos, mirarnos (ya también nos cuestiona el Papa. ¿“miramos a la cara a aquel que en la calle damos una moneda, nos interesamos por él?”, algo tan sencillo nos ayuda a revisar cómo está la vivencia de la misericordia en mi . La misma palabra nos enseña a dar el corazón al pobre, como vemos no sólo hemos de dar de lo que tenemos o nos sobra sino que hemos de darnos nosotros mismos. San Camilo de Lelis, santo que fue de los primeros en fundar hospitales, veía que sus hermanos religiosos, atendían, curaban, a los enfermos pero el mismo se encargará de decirles: “más corazón en esas manos, Hermanos”, sí, estoy cierto que todos procuramos hacer el bien y sabemos que esto es necesario a nuestro mundo, lo importante es que lo hagamos bien, con corazón.

Nuestro mundo, nuestros hermanos y nosotros mismos necesitamos misericordia, el recibirla requiere también un poco de humildad, saberme necesitado, creer que los que están a mi lado me pueden ayudar. No sólo tenemos que dar sino también hemos de saber recibir, saber pedir y agradecer las ayudas que de distinto tipo se nos pueda brindar.

La misericordia la podemos vivir de distintas maneras, la Iglesia en su pedagogía y catequesis nos enseña que hay obras de misericordia corporales como son: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los difuntos.

Hay otras que llamamos espirituales, a saber: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar al que nos ofende, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rezar por los vivos y por los difuntos.

Tenemos así una amplia gama de acciones que todos podemos en distintos momentos realizar, y cuando lo hacemos llevamos un poco de la ternura del mismo Dios a nuestros hermanos. Todos podemos hacer algo, y no olvidemos que  el dar, el preocuparnos de los demás produce mucha alegría y también mucha de ella tendremos cuando nos demos cuenta que hay muchos que quieren nuestro bien y por eso nos ayudan. Procuremos dar un poco más de ternura, de misericordia a nuestro mundo y también ser humildes para recibirla. Todos nos necesitamos.