Vacaciones


Lunes 29 de Enero, 2018

Estamos ya en pleno verano. Todos necesitamos de ese descanso reconfortador, dereposo físico, psicológico y espiritual. A cuantos tienen la fortuna de poder gozar de ese espacio reconfortador les deseo una buenas vacaciones, y para quienes carecen de las mismas, desearía que tuviesen la posibilidad de gozar de ese tiempo en el que cesan las ocupaciones ordinarias para dedicarlo al descanso y a otras importantes dimensiones humanas que la vida diaria no facilita. Las vacaciones son un derecho que a todos debería alcanzar. Por ello mi recuerdo especial y lleno de afecto hacia quienes no pueden dejar su ambiente ordinario, impedidos por la edad, por dificultades económicas o por otros problemas.

En las vacaciones, además del bienestar del descanso, hay algo más. Para que ese bienestar sea auténtico y más hondo es preciso que, en la temporada vacacional, la persona encuentre su equilibrio tanto consigo mismo como con los otros, con el ambientey la naturaleza. Por ser tiempo de descanso, se deberían cuidar los momentos de interioridad, de reflexión personal, de silencio, de escucha. Un fin de las vacaciones es,precisamente, ése que cada uno se encuentre a sí mismo, y halle el propio pensamiento,su ánimo, la propia y verdadera libertad, el sentido de la propia vida.

La gente de hoy apenas tiene tiempo para pensar y meditar con calma. Vivimos en unasociedad agitada. Parece que entre todos, procuramos que nadie se encuentre consigomismo. El ambiente en que nos movemos es poco propicio para la reflexión. La agitaciónde este mundo nuestro nos aturde y nos lleva a perder la capacidad de prestar atención a las necesidades del prójimo, e incluso la capacidad de encontrarnos a solas y sinceramente con Dios. Por esto, que las vacaciones que, con demasiada frecuencia se convierte en unos días de todavía mayor agitación que la ordinaria, no nos tienda una trampa, y que las aprovechemos, para ese silencio, y esa paz sosegada que tanto la necesitamos para poder sobrevivir. Por ello mismo, la pausa en el ritmo ordinario del trabajo no debe ser puro ocio ni mera diversión o distracción exterior, sino que debería ser ocasión para encontrar al hombre interior, adentrarse en la conciencia personal y cultivarla, avanzar hacia las cumbres del espíritu, ahondar en la experiencia de Dios que sosiega el ánimo y la llena de vida, de fuerzas y de esperanzas para proseguir incesantemente el camino de la vida.

Que las  vacaciones sean tiempo de encuentro de la familia, de conversar y jugar juntos, de visitar a familiares y amigos que hace tiempo novemos, de rezar un poco más, de mirar lo que hemos hecho y proyectarnos hacia adelante. Vacaciones, no es no hacer nada sino que es un tiempo de cambio de actividad que nos hace gozar con lo que somos y con aquellos que comparten nuestra vida, todo un regalo que hemos de valorar y agradecer.