Día del Trabajador


Lunes 19 de Diciembre, 2016

El próximo domingo celebramos el Día del Trabajador y para esto en la Iglesia recordamos a San José Obrero. A la luz de esta efeméride, comparto con ustedes algunos criterios de la doctrina social de la Iglesia en torno al trabajo y los trabajadores.

El trabajo es un don de Dios, un bien del hombre. Una vida sin trabajo se corrompe, y en el trabajo el hombre se hace más hombre. El trabajo es consecuencia del mandato de dominar la tierra dado por Dios a la humanidad. Tiene un especialísimo valor el ejemplo de trabajo que nos dio Jesús a lo largo de la mayor parte de su vida. De los treinta y tres años que pasa en la tierra, treinta los vivió como un hombre más, en medio de una vida ordinaria de trabajo. Jesús nos enseña con su ejemplo que todo trabajo nos puede llevar hacia Dios; cualquier trabajo digno y noble en lo humano puede convertirse en un quehacer divino. Para la gran mayoría de las personas, ser santo supone santificar el propio trabajo (es decir: hacerlo bien, bajo la mirada de Dios, ofreciendo su trabajo a Dios, haciéndolo con alegría y fortaleza). Los hombres y las mujeres que, mientras procuran el sustento para sí y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia.

Porque el hombre es para el trabajo y no el trabajo para el hombre, es que” Cristo no aprobará jamás que el hombre sea considerado o se considere así mismo solamente como un instrumento de producción; que sea apreciado, estimado y valorado según ese principio ¡Cristo no lo aprobará jamás!. Por esto se ha hecho clavar en la cruz, como sobre el frontispicio de la gran historia espiritual del hombre, para oponerse a cualquier degradación del hombre, también a la degradación mediante el trabajo. De esto deben acordarse tanto los trabajadores como los que proporcionan trabajo; tanto el sistema laboral, como el de la retribución. Lo deben recordar el Estado, la nación y la Iglesia”.

En una región como la nuestra, donde el trabajo aparece esquivo para no pocos, cobra especial relevancia el hecho de valorarlo y cuidarlo, lo mismo que todo esfuerzo que autoridades y privados promuevan, con creatividad, generosidad, para que las fuentes de trabajo no se terminen, que se asuma incluso el hecho de menos ganancias pero que se dé la posibilidad de trabajo y desarrollo a tantos hombres y mujeres que necesitan con esfuerzo y honradez ganarse la vida. Todo esfuerzo en esta línea se agradece y sin duda trae bendición del Señor.

Hermanos y hermanas trabajadoras que el Señor les bendiga a ustedes y sus familias y que El mueva el corazón de todos los que pueden crear fuentes de trabajo digno, para que todos sus hijos e hijas tengan la gran bendición del trabajo.