Por la vida, con esperanza


Lunes 28 de Agosto, 2017

Hace una semana atrás el Tribunal Constitucional declaró que la despenalización del aborto en tres causales no contraviene la Constitución. Para alcanzar este veredicto el camino ha sido largo, las diferentes posturas han podido expresarse y se ha acudido a todas las instancias para poder discernir lo que hubiera sido lo mejor para Chile. La Iglesia católica, junto a otras confesiones religiosas y también no pocas instituciones laicas, se la jugaron porque en nuestra Patria se hubiera seguido manteniendo un respeto irrestricto por la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. Creo que al aprobar esta ley, Chile y su gente pierden. Estamos frente a una nueva situación en la que algunos seres humanos que están por nacer quedan desprotegidos por el estado en el básico y fundamental derecho a vivir, más aún la experiencia de otros países nos dice que en muchos casos esto es la puerta de entrada para que el derecho de otros también puedan ser vulnerados más adelante.

Ante esta realidad lo que nos queda a los cristianos es a seguir trabajando en enseñar lo que el Evangelio nos enseña y que para nosotros son palabras de vida. Con el salmista seguiremos proclamando que el Señor nos conoce desde antes de nacer, que El ve nuestro cuerpo en formación y que Él es quien calcula los días de nuestra vida  antes que llegue el primero.

Será la Iglesia y en ella la familia quien ha de proclamar a las nuevas generaciones el valor de toda vida humana, la cual vale el precio de la sangre de Cristo. Todo esto lo proclamaremos con fuerza y convicción, con respeto por todas la personas de manera especial con las mujeres y familias que a veces viven situaciones límites en los embarazos y que por lo mismo necesitarán paz, amparo, apoyo y consuelo, para esto todos los que nos decimos cristianos contamos.

Un día Paulo VI ante las Naciones Unidas proclamo que la Iglesia es experta en humanidad. Porque acompaña la vida de tanta gente sabe estar cerca de sus alegría y penas, de sus gozos y esperanzas, por lo mismo sabe del drama del aborto y lo que produce en hombres y mujeres que lo han experimentado. La Iglesia como madre y maestra acompaña también estas situaciones y en jornadas y retiros ayuda a sanar las heridas que llevan en el alma quienes han vivido esta dolorosa experiencia, el  amor de Dios es más grande y más fuerte y quiere triunfar en la vida de todos

Como cristianos seguiremos anunciando y proclamando lo que creemos que es mejor no solo para quienes creemos sino para todo hombre y mujer, la fe que nos hace rezar nos lleva también a trabajar para que todos seamos más humanos.