Navidad


Lunes 19 de Diciembre, 2016

“Les anunciamos, hermanos y hermanas, una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo. Escúchenla con corazón gozoso: Miles y miles de años habían pasado desde que en esta tierra, como consecuencia de una maravillosa evolución querida por Dios, surgió la vida. Habían pasado miles de años desde el momento en que Dios quiso que aparecieran en la tierra el hombre y la mujer, hechos a imagen y semejanza de Dios, para colaborar en la obra de la creación. Dos mil años hacía que Abrahán, obedeciendo la llamada de Dios, partió hacia una tierra desconocida para dar origen al pueblo elegido, heredero de las promesas. Hacía unos 1250 años que Moisés hizo pasar a pie enjuto por el Mar Rojo a los hijos de Abrahán, para que aquel pueblo dejara la esclavitud y abrazara la libertad. Hacía unos mil años que David, humilde pastor, fue ungido por el profeta Samuel como gran rey de Israel. Hacía unos setecientos años que Israel, infiel a la alianza y sordo ante los mensajeros de Dios, fue deportado de su tierra. En medio de los sufrimientos del destierro, el pueblo de Dios deseó la venida de un Salvador que lo librase de la esclavitud e inaugurase un reino de paz, justicia y libertad. Finalmente, durante la Olimpíada 94, el año 752 de la fundación de Roma, el año 42 del imperio de Octavio Augusto, hace ahora 2011 años, en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel, tierra ocupada entonces por los romanos, en un establo, porque no había sitio en la posada, de santa María la Virgen, esposa de José, nació Jesús, el salvador. Alégrense, hermanos. Ésta es la buena noticia del ángel: “Les ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

De esta hermosa manera, la Iglesia recorriendo la historia de la humanidad, canta este hermoso pregón de navidad. El hecho del nacimiento del Salvador es la respuesta de Dios que ama intensamente a cada hombre y mujer. Dios sigue confiando en el hombre, espera que nosotros reconozcamos su amor que tengamos en El a un salvador y no a alguien a quien temer. Cada vez que con sencillez aceptamos a Dios en muestras vidas es Navidad. Por esto les invito a prolongar esta magia, mejor esta gracia que nos trae esta fiesta, que todos los buenos sentimientos que ella nos suscita no sean pasajeros, que los cultivemos a diario, a veces con mucho esfuerzo, pero con la seguridad que procurar el bien de los demás, de que viviendo con sencillez, de que teniendo a Dios con nosotros nuestro mundo será mejor.
Sí querido amigos, tengamos a Dios con nosotros, el mejor pesebre donde Él quiere estar es cada corazón, cada hogar. Pasadas las fiestas de Navidad nos preparamos a recibir un Nuevo Año, nos desearemos lo mejor, no olvidemos que los tiempos serán mejores sino nosotros somos mejores. Les insisto, demos cabida a Dios en nuestras vidas porque así se cumplirá lo que rezaba Santa Teresa: “Nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta sólo Dios basta”

Feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de la presencia de Dios.