Semana Santa para aprender de Jesús


Sábado 08 de Abril, 2017

Estamos viviendo la Semana Santa, son días que no nos pueden dejar indiferentes, porque en ellos y en Jesús, el hombre-Dios que contemplamos, vemos reflejada lo que quisiéramos fuera de verdad nuestra vida.

Como quisiéramos que nuestra vida siempre tuviera un sentido, tener claridad de por qué y para qué estoy aquí, descubrir la vocación con la cual fui pensado y creado por amor. Jesús tiene claro cuál es su misión para qué ha venido, qué debe hacer.

Decimos que el hombre es libre,  sin duda es su más grande dignidad pero, tantas veces  aplastada,  cuántas esclavitudes y puestas por nosotros mismos sobre nuestros hombres. Jesús es la libertad: ningún otro ser humano la practicó y vivió hasta el extremo. Fue, en vida, libre frente a las costumbres y prejuicios de su tiempo. Fue libre ante su familia, ante los poderosos, ante sus enemigos y ante sus amigos. Libre frente a los grupos políticos y libre en el trato digno con las mujeres.  Liberó a enfermos y pecadores de sus males. Expuso su mensaje no obligando ni avasallando sino proponiendo un mensaje que quien lo acoge y vive se libera. Jesús fue libre siempre, también frente a la muerte que a todos nos acecha y alcanzará en un momento, pero él nos muestra una aceptación de ella en libertad, confianza y abandono. “Nadie me quita la vida, yo la doy libremente”. Jesús murió no por casualidad, ni porque lo mataran sus enemigos, ni por circunstancias hostiles, se encaminó hacia ella con decisión y conciencia. En Jesús y en cada uno de notros hay esa parte de misterio que llamamos amor y que solo terminamos de entender cuándo alguien da su vida por aquellos que dice amar. Las madres y padres lo saben muy bien.

Jesús con plena libertad dio su vida para manifestar que el amor es más grande que los egoísmos que podemos cultivar en nuestros corazones, que el perdón puede vencer al odio, y la indulgencia a la venganza, que la discordia se puede revertir en amor mutuo.

Jesús nos mostró un camino que El recorrió primero y que ha mostrado a lo largo de los siglos en tantos que lo han seguido, su eficacia y capacidad transformadora en la vida de las personas y de la sociedad. Desde Jesús y con Jesús la humanidad tiene esperanza, Él es el hombre nuevo, el que pasó por el mundo haciendo el bien y desatando a los oprimidos por el mal. Hoy a quienes le miramos nos corresponde continuar su obra. En estos días al besar su cruz, hemos de pedirle nos conceda vivir con sus mismos sentimientos, ser capaces de entregarnos, de no ser indiferentes  ante el dolor ajeno, de ser mensajeros de paz y reconciliación, de vivir con más abandono y confianza en Dios, de saber que nuestra vida tiene sentido y que ella es plena cuando nos entregamos y servimos. Si tratamos de vivir como Cristo habrá más esperanza, y sabremos enfrentar la vida y la muerte con confianza, con sentido, plenamente libres.