LA CARIDAD DE CRISTO NOS DEBE URGIR SIEMPRE


Martes 28 de Septiembre, 2021

Hermanos de Iquique, unidos por la historia nacida entre pampas, cordillera y mar, donde trabajadores del salitre, entre ellos nuestros abuelos, lucharon por sus derechos, y por dignificar a los más pobres; de esta ciudad que está construida por tantos migrantes venidos del antiguo continente italianos, españoles, como otros de la China, quienes han hecho junto a los iquiqueños de Iquique, “Una ciudad para querer”; este Iquique que lo conformamos todos junto a los que han llegado cuando llegó la Zona Franca a Iquique.

A todos nos ha conmovido los hechos ocurridos este sábado recién pasado, los que formamos esta ciudad nos hemos sentido entristecidos, pues nunca nos imaginamos que ante una legítima manifestación ciudadana, frente a la compleja situación del fenómeno migratorio, surgieran de unos pocos, actos que no se pueden nunca justificar. Es verdad, y no podemos negarlo, que la llegada de numerosos migrantes ha hecho más difícil la convivencia entre todos, por lo mismo se requiere una acción coordinada de las autoridades locales y nacionales para hacer frente a una situación que no se puede dejar a la deriva. El estado de Chile siempre puede y siempre podrá dar más, para cuidar y proteger la sana convivencia de todos los que amamos y queremos que Chile sea cada día mejor.

La violencia solo genera dolor. Y nadie posee ese derecho, de causarlo generando angustia, o miedo. No puede haber indolencia frente al sufriendo humano, y menos si son niños indefensos. Trabajemos unidos bajo ciertos criterios de acción para no polarizar nuestra ciudad, el mejor camino es escucharnos, y a partir de ese diálogo respetuoso y constructivo seremos capaces de remediar el mal ejemplo que hemos dado como ciudad ante el mundo, ante Chile y sobre todos ante las generaciones de nuestra ciudad. Cómo vamos a pedir a los jóvenes que nos respeten si no nosotros, los adultos no respetamos a los demás.

Conocemos que el Señor nos ha dicho: «Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). Ante el desafío migratorio, es urgente reflexionar sobre el mandamiento del amor fraterno, pero no sólo desde una perspectiva humana. La mirada de fe enriquece el amor, y nos permite descubrir en el hermano sufriente y necesitado, su esencial condición de imagen y semejanza de Dios y, por lo tanto, el rostro de Cristo, que merece toda nuestra entrega amorosa. Invitamos a los creyentes y hombres de buena voluntad a ver en esta crisis migratoria una oportunidad providencial para intensificar el testimonio de la caridad. Fe y caridad se necesitan y se iluminan mutuamente. La fe cristiana sin el testimonio de la caridad es sólo una utopía. Es por eso que “la caridad nos debe urgir” (2 Cor 5,14), y es un llamado a todas comunidades cristianas a testimoniar que nuestro amor a Dios y al prójimo debe ser realizado con obras, para que el mundo crea y para que los pobres sean atendidos y reciban el anuncio del Evangelio de Jesús.