Solidaridad Viva


Martes 31 de Agosto, 2021

El mes de agosto es para nuestra Iglesia motivo de gran regocijo. El martes 10, celebramos al diácono y mártir San Lorenzo, quien entregó su vida por afirmar ante el emperador que la riqueza mayor de la Iglesia, no son sus templos, sino los pobres, aquellos que son los hijos predilectos de Dios; el domingo pasado, 15 de agosto, celebramos la fiesta de la Asunción de la Virgen a los cielos en cuerpo y alma, y con ello afirmamos que el bien triunfó sobre el mal, pues al vencer Cristo en el madero de la Cruz, dio muerte a la muerte, y así su madre se alegra en plenitud de la presencia de Dios, aquello que la Iglesia espera alcanzar, sólo en la medida que sus hijos vivan en la caridad y el perdón con sus hermanos. En sintonía con estas fiestas religiosas que tienen tanto que ver con la histórica pues tocan la vida de los hombres, la Iglesia de Chile celebró el 18 de agosto, el mes de la solidaridad, celebración que nace como expresión del cariño y respeto a la persona de San Alberto Hurtado, sacerdote chileno, que con su ejemplo incansable testimonió que las personas en situación de pobreza no son algo que tenemos que ocultar, sino que debemos hacernos cargos de ellos, pues, son nuestros hermanos.

El Padre Hurtado vio a Cristo en el pobre y él mismo fue otro Cristo, bondadoso y bueno para los pobres de su tiempo. Él decía: “Tanto dolor que remediar: pues Cristo vaga por nuestras calles en la persona de tantos dolientes, enfermos y desalojados. Cristo, está acurrucado en la persona de tantos niños que no tienen a quién llamar padre, que carecen no sólo de pan, sino también del beso de una madre”. Sobre estas palabras, de este hombre y sacerdote santo, descubrimos que la solidaridad tiene el desafío de ser no sólo un evento esporádico, a veces, realizado para acallar nuestra conciencia que nos cuestiona cuando vemos la miseria y no hacemos nada, salvo cerrar los ojos, oídos y boca. La solidaridad de un país, como también la de los creyentes, debe ser un compromiso permanente, expresado en acciones a nivel país y eclesial por entregar no caridad, sino luchar juntos por alcanzar la dignidad de aquellos que están más desprovisto de lo mínimo para tener una vida digna y justa, propia de todo hijo de Dios.

Sería un error, y para un creyente, un contra sentido, moverse ante la dura realidad de los pobres y marginados, vivos hoy en el rostro de migrantes absolutamente indefensos; o en adultos mayores que no sólo viven el dolor de la pobreza, sino también el dolor del olvido; o de aquellas familias que a causa de pandemia, pasaron a ser más pobres, que ante que llegara el COVID-19; frente a ellos, no podemos caer en dos extremos, entregarles solo palabras de consuelo o solo comida, lo prudente es lograr mirarlos, con la misma dignidad que desearía que tuvieran conmigo, que producto del individualismo y la cultura del descarte (que tanto nos recuerda el Papa Francisco) terminamos construyendo sociedades que no se miran  a los ojos, de frente, con ternura, así como lo hacen los hermanos, así como la haría Cristo. Que por la intercesión de San Alberto Hurtado, el alma de Chile, pueda llenarse de equidad, de paz, y respeto por la vida. Dios los bendiga.