Dios bendiga a Chile


Lunes 30 de Enero, 2017

Hace dos semanas nosotros sufrimos el incendio de la hermosa iglesia de Mamiña, en ella se consumió gran parte de la historia de ese pueblo que en su templo tenían el centro de su vida y cultura. En estos días varías regiones del país han sufrido incendios que han producido una devastación tremenda. Cuántas familias han perdido el fruto de sus esfuerzos y han perdido los recuerdos que atesoraban en sus casas. En medio del dolor por perder cosas tan queridas e irrecuperables, llama la atención la fortaleza de la gente, que junto a las cenizas humeantes, se proponen tratar de levantar lo que el fuego les quitó. El día del incendio en Mamiña, cuando los bomberos todavía apagaban el fuego, la Comunidad se reunió para ver cómo trabajar en recuperar lo perdido. Qué grande es la capacidad de la gente para sobreponerse al dolor, pero estoy cierto que esto no se improvisa, para esto se prepara desde niño, cuando se enseña a ser fuerte en la adversidad, a llorar pero con esperanza, a enfrentar el sufrimiento con valor, cuando se prepara para las adversidades que de alguna manera en la vida se hacen presente. Esto es algo que los padres, los formadores y la sociedad entera ha de tener presente en la formación de las nuevas generaciones.
También ayuda a ser fuerte y esperanzado ante la adversidad, el hecho de no sentirse solo, sino experimentar la solidaridad y cercanía de los hermanos.
En Mamiña, la presencia cercana de las autoridades, dio fuerza a la Comunidad, en el desastre que hemos sufrido como país, la preocupación de las autoridades de cada región afectada, de la Presidenta y sus  Ministros, la generosidad de tantos voluntarios, Bomberos, Carabineros, Soldados, la ayuda pronta de tantos chilenos y también del extranjero, sin duda son una gran aliciente para levantar el ánimo y la esperanza de quienes todo perdieron; se les ha quemado todo pero no las ganas de levantarse. Confiamos que con la gracia de Dios y la ayuda adecuada esto pueda ser una realidad.
Que de todo este dolor, saquemos enseñanzas que no podemos olvidar: lo frágil de nuestra existencia, tantas cosas en las cuales colocamos nuestra seguridad y que en un momento se puede perder, pero junto a esto destacar la capacidad de lucha y de generosidad del ser humano, la capacidad de arriesgarse porque otros tengan vida, el saber compartir con alegría, el saber sentir compasión, saber padecer con el que sufre, todo hace sentir que podemos seguir teniendo esperanza en el ser humano.
En estos momentos, tiempo de vacaciones, pero que  han sudo marcadas por este dolor, hemos podido de alguna manera vivir lo que cantamos: "Tú, Señor, necesitas mis manos, mi cansancio que a otros descanse, amor que quiera seguir amando", sí, hoy el Señor y los que han sufrido con los incendios, cuentan con nuestra oración y ayuda material, que ellos experimenten nuestra cercanía y nosotros el gozo de poder ayudar.

Dios bendiga a Chile y de fuerza a sus hijos e hijas