Semana Santa


Lunes 29 de Marzo, 2021

Han llegado los días que con razón llamamos, Santos, ya que en ellos vamos a recordar
con asombro y emoción el amor de Dios, que se ha hecho patente en la entrega generosa
que Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, hizo de su vida por nosotros, y por
nuestra salvación, en el altar de la cruz.
Jesús ya lo había dicho: “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos”, hoy,
en medio de la enfermedad que sufrimos, nos hace bien sentirnos amados, que valemos
a los ojos de Dios, que no estamos solos; hoy cuando a veces tan fácilmente hablamos
del amor, nos hace muy bien mirar a Jesús y darnos cuenta que el amor verdadero es
entrega, perseverancia, constancia y no está exento del dolor y la contradicción.
En estos días de Semana Santa, los que creemos participamos de hermosas y
significativas liturgias, que en esta ocasión al igual que el año pasado hemos de vivir de
modo virtual a causa de la pandemia, lo cual haremos con no menos fe y devoción que
cuando podíamos encontrarnos en nuestros templos. Conviene que tengamos en cuenta
que estos días no hemos de mirar los hechos que celebramos como acontecimientos
históricos importantes sucedidos hace mucho tiempo, sino como misterios que son
salvadores y que en el hoy de nuestras vidas se hacen presente y cobran toda su eficacia
para nosotros.
Por esto les invito a que vivamos esto días con especial recogimiento. El estar en casa
porque hemos de cuidarnos, nos ayude a no dispersarnos en diferentes entretenciones
sino, los que nos decimos cristianos, podamos seguir las celebraciones por los medios
de comunicación, que la familia pueda rezar unida, que los símbolos religiosos que
tenemos junto a nosotros nos recuerden que no estamos solos, que Dios siempre nos
acompaña y que en estos momentos de dolor no nos deja y nos invita a mantener la
esperanza, Él que murió resucitó y nos enseña así que ni el mal ni la muerte tiene la
última palabra. Vivamos estos días, no con un sentimentalismo vago sino con asombro,
sí, con asombro, miremos y escuchemos a Jesús y descubramos el amor de Dios por
nosotros, aprendamos como El a entregarnos por el bien de los demás, aprendamos a
derrotar el mal con el bien, a perdonar, a no desesperarnos en medio del dolor y las
dificultades sino saber confiar en Dios y en la bondad de los hermanos, a saber
preocuparnos de los demás y a saber consolar a quienes necesitan de nuestra cercanía, a
no desconfiar de que Dios el Padre vela por sus hijos. Nos hará bien contemplar a Dios
compartiendo y asumiendo el dolor de la humanidad, dolor que se hace más patente en
los tiempos que vivimos. Jesús asume el dolor, enseñándonos a que en la vida hemos de
hacer lo mismo, pero encontrando en él la fuerza para no ser vencidos.
Que en Semana Santa podamos trabajar nuestra fe, que en la solemnidad de la Pascua
nos veamos renovados y confortados para seguir en la lucha por vencer el mal y la
pandemia que nos acecha.
Sea la Semana Santa un tiempo de reflexión, de oración, de volver a Dios, de no dudar
de su amor.