La vida, siempre


Lunes 26 de Abril, 2021

En este tiempo de pandemia, hemos visto nuestros como en nuestros hospitales y en ellos su abnegado personal se las han ingeniado por recibir a todos, se ha procurado con diligencia y creatividad que a nadie le falte atención, los enfermos y sus familias llegan hasta ellos con esperanza de ser atendidos. En pandemia, cuántos esfuerzos desplegados, cuántas iniciativas y también cuántas discusiones por buscar la manera de llevar la ayuda necesaria, para que toda la gente pueda enfrentar esta adversidad y continuar viviendo con cierta dignidad. Junto a esto, la discusión en el Congreso de nuestra nación, donde se busca aprobar la eutanasia. Por un lado, lucha por vivir, por el otro buscar la muerte como solución. El debate sobre la eutanasia es algo de lo cual no podemos permanecer al margen y donde como ciudadanos y como creyentes tenemos una palabra que decir, formarnos una opinión y poder iluminar nuestra conciencia y la de los demás. Los que promueven la eutanasia, lo hacen como mostrando compasión al que sufre y hablan de ella como una muerte digna, como si ello significara morir en la cama de un hospital, asistido por un profesional que juró jugársela por cuidar la vida y así en un ambiente aséptico decidir por el momento en que terminar la vida que se me dio como un gran regalo. Pensar en la muerte y en como nos llegará no es fácil, la Iglesia reza: “aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad”. Para el creyente la muerte mejor, no es la que me llega en un momento de tranquilidad y paz, sino la que me encuentra debidamente preparado, es decir aquella que me encuentra en paz con Dios y con los hermanos. El fin de la vida humana lleva en no pocos casos la enfermedad, el dolor, el sufrimiento, todos estos elementos que forman parte de toda vida humana a lo largo de ella. El ser humano ha de saber convivir con la alegría y dolores con los gozos y los quebrantos, y lo que hemos de enfrentar mientras vivimos contando con la compañía y apoyo de quienes nos quieren así también hemos de enfrentar el dolor, el sufrimiento y la muerte en su momento, contando con el apoyo, el cariño y la cercanía de aquellos que nos quieren y que sufren con nosotros, saben acompañarnos, y saben también esperar. Un buen antídoto para el dolor y el miedo ante la muerte es la compañía, la mano tomada, la palabra cariñosa al oído que le hace sentir al enfermo que no esta solo y que le susurra esperanza y confianza en la eternidad, en el caso de las familias creyentes aquellas oraciones pronunciadas con fe y confianza, junto a eso todos los cuidados paliativos que permitan aliviar en algo el dolor. Qué ejemplo de amor, cariño, respeto y dignidad, la de aquellos que con dolor saben acompañar los últimos momentos en este mundo de las personas queridas, que por la edad o la enfermedad ya han de partir.  Nos hará bien pensar en la muerte como un paso que todos hemos de enfrentar y en el cual necesitamos ayuda no para acelerarla sino para vivirla con la confianza de aquel santo que hablaba de ella diciendo: “Cuando a mi puerta la muerte se detenga y me diga llegó la hora de partir, hermana muerte, le diré, llévame a Dios, para vivir con Él la eternidad”.  ¡Que nuestros políticos y todos nosotros queramos llenar de signos de vida incluso la muerte! ¡Respetemos la vida desde su concepción hasta su muerte natural.!