Jornada por la Paz


Sábado 31 de Diciembre, 2016

Cada 1 de enero, desde hace cincuenta años, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de oración por la Paz, cuyo lema este año fue: “La no violencia: un estilo de política para la paz”. Un tema tan importante y profundo  pareciera como algo propio de los políticos y dirigentes de este mundo, y que poco tiene que ver con nuestra vida diaria y sus problemas, sin embargo el Papa Francisco dice: “pido a Dios que se conformen con la no violencia nuestros sentimientos y valores personales profundos…que la no violencia se transforme desde el nivel local y cotidiano, en el estilo característico de nuestras decisiones, relaciones y acciones”, a la luz de estas palabras entendemos que tal lema y programa tiene mucho que ver con cada uno de nosotros.

En el mundo hay violencia, la hay en medio nuestro, muchas veces en las relaciones de familia, y en la búsqueda de soluciones a causas que sin duda son justas, pero que se ven opacadas por la violencia insensata.

Jesús, Dios en quien creemos, cuando se hizo hombre y vivió en medio nuestro, su época no estaba ajena a la violencia, sin embargo él nos mostró otro camino, el del amor, y el servicio, el de ver al otro como hermano y no como enemigo, él nos vino a enseñar a tender puentes de entendimiento y no muros que nos separen, El mismo es el pontífice, es decir el que hace de puente entre el cielo y la tierra. Jesús nos enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se  enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano, porque de dentro de nuestro corazón salen los pensamientos perversos como también las grandes y nobles iniciativas. Por lo tanto si hay algo a lo que debemos prestar atención es a nuestro corazón y las acciones que de ahí manen.

Los que creemos estamos ciertos que Dios es capaz de mover nuestros corazones y que estos se dispongan a la reconciliación. Creemos que Dios es capaz de mover los corazones de tal manera, que los enemigos vuelven a la amistad, los adversario se den la mano y los pueblos busquen la unión. Dios es capaz de conseguir que el amor venza al odio, la venganza deje paso a la indulgencia y la discordia se convierta en amor. Estos milagros los hemos vivido  y hecho realidad en Navidad, ¿por qué no mantener ese espíritu en el tiempo?

Esforzarnos por la no violencia en nuestras relaciones, esto no significa callar, no es darse por vencidos, es creer que la no violencia, el diálogo constructivo, el decirnos las cosas con respeto, el oírnos, el buscar la parte de verdad que tiene el otro, el no encerrarme en mis criterios, todo eso ayuda a construir la paz. Esto pedimos y tratemos se dé entre nuestras autoridades, dirigentes, agrupaciones, familias, instituciones, también en la Iglesia.

Colaboremos con nuestro aporte en esta línea. Los tiempos serán mejores si nosotros somos mejores.

Un feliz y bendecido año 2017

Cada 1 de enero, desde hace cincuenta años, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de oración por la Paz, cuyo lema este año fue: “La no violencia: un estilo de política para la paz”. Un tema tan importante y profundo  pareciera como algo propio de los políticos y dirigentes de este mundo, y que poco tiene que ver con nuestra vida diaria y sus problemas, sin embargo el Papa Francisco dice: “pido a Dios que se conformen con la no violencia nuestros sentimientos y valores personales profundos…que la no violencia se transforme desde el nivel local y cotidiano, en el estilo característico de nuestras decisiones, relaciones y acciones”, a la luz de estas palabras entendemos que tal lema y programa tiene mucho que ver con cada uno de nosotros.

En el mundo hay violencia, la hay en medio nuestro, muchas veces en las relaciones de familia, y en la búsqueda de soluciones a causas que sin duda son justas, pero que se ven opacadas por la violencia insensata.

Jesús, Dios en quien creemos, cuando se hizo hombre y vivió en medio nuestro, su época no estaba ajena a la violencia, sin embargo él nos mostró otro camino, el del amor, y el servicio, el de ver al otro como hermano y no como enemigo, él nos vino a enseñar a tender puentes de entendimiento y no muros que nos separen, El mismo es el pontífice, es decir el que hace de puente entre el cielo y la tierra. Jesús nos enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se  enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano, porque de dentro de nuestro corazón salen los pensamientos perversos como también las grandes y nobles iniciativas. Por lo tanto si hay algo a lo que debemos prestar atención es a nuestro corazón y las acciones que de ahí manen.

Los que creemos estamos ciertos que Dios es capaz de mover nuestros corazones y que estos se dispongan a la reconciliación. Creemos que Dios es capaz de mover los corazones de tal manera, que los enemigos vuelven a la amistad, los adversario se den la mano y los pueblos busquen la unión. Dios es capaz de conseguir que el amor venza al odio, la venganza deje paso a la indulgencia y la discordia se convierta en amor. Estos milagros los hemos vivido  y hecho realidad en Navidad, ¿por qué no mantener ese espíritu en el tiempo?

Esforzarnos por la no violencia en nuestras relaciones, esto no significa callar, no es darse por vencidos, es creer que la no violencia, el diálogo constructivo, el decirnos las cosas con respeto, el oírnos, el buscar la parte de verdad que tiene el otro, el no encerrarme en mis criterios, todo eso ayuda a construir la paz. Esto pedimos y tratemos se dé entre nuestras autoridades, dirigentes, agrupaciones, familias, instituciones, también en la Iglesia.

Colaboremos con nuestro aporte en esta línea. Los tiempos serán mejores si nosotros somos mejores.

Un feliz y bendecido año 2017