Francisco en Iquique


Lunes 18 de Enero, 2021

Hace tres años atrás un día como hoy, el Papa francisco nos visitó en Iquique; celebró con nosotros la Santa Misa, coronó la imagen de la Virgen del Carmen de La Tirana, nos confirmó en la fe, tarea propia del sucesor de Pedro. Como tal reconoció, valoró y nos animó a seguir viviendo la fe con las expresiones típicas de este norte, que están cargadas de sentido y que dejan profundas enseñanzas. Nos dijo el Papa: “Vengo como peregrino a celebrar con ustedes esta manera hermosa de vivir la fe. Sus fiestas patronales, sus bailes religiosos —que se prolongan hasta por una semana—, su música, sus vestidos hacen de esta zona un santuario de piedad y espiritualidad popular. Porque no es una fiesta que queda encerrada dentro del templo, sino que ustedes logran vestir a todo el poblado de fiesta. Ustedes saben celebrar cantando y danzando «la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante de Dios. Así llegan a engendrar actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción. Cobran vida las palabras del profeta Isaías: «Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque». Esta tierra, abrazada por el desierto más seco del mundo, logra vestirse de fiesta.”

Hermoso es constatar que el Papa reconozca que el creyente nortino de su manera de expresar la fe saca fuerzas para que su vida esté llena de gestos que manifiestan la vivencia del corazón cuando reza y baila. Ante esta palabra es bueno poder responder en el hoy de nuestras vidas entre otras cosas, ante la realidad de tantos migrantes que llegan hasta nosotros y ante los cuales no siempre sabemos cómo reaccionar. Nos dijo el Papa:

“Iquique es tierra de sueños —eso significa el nombre en aymara—; tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas. Gente que han tenido que dejar a los suyos, marcharse. Una marcha siempre basada en la esperanza por obtener una vida mejor, pero sabemos que va siempre acompañada de mochilas cargadas con miedo e incertidumbre por lo que vendrá. Iquique es una zona de inmigrantes que nos recuerda la grandeza de hombres y mujeres; de familias enteras que, ante la adversidad, no se dan por vencidas y se abren paso buscando vida. Ellos —especialmente los que tienen que dejar su tierra porque no encuentran lo mínimo necesario para vivir— son imagen de la Sagrada Familia que tuvo que atravesar desiertos para poder seguir con vida. Esta tierra es tierra de sueños, pero busquemos que siga siendo también tierra de hospitalidad. Hospitalidad festiva, porque sabemos bien que no hay alegría cristiana cuando se cierran puertas; no hay alegría cristiana cuando se les hace sentir a los demás que sobran o que entre nosotros no tienen lugar”.

Que la enseñanza del Papa, que fue hacer mirarnos como en un espejo, la podamos seguir viviendo.

Que la pandemia que nos aflige, no nos impida seguir alabando al Señor, a su Madre Bendita y a nuestros queridos santos, como lo hemos hecho por generaciones y como hemos tenido que aprender a hacerlo en esta contingencia. Que nuestra fe alegre y festiva siga impregnando las acciones diarias de nuestro existir, que ellas manifiesten nuestra fe en Dios, el amor por la vida que la sabemos un don que debemos proteger en nosotros y los demás, por eso nos cuidamos con responsabilidad en esta pandemia para lograr vencerla; y que como antaño, sigamos tendiendo la mano atenta, desde nuestra necesidad, a quienes llegan buscando una nueva esperanza. ¡Cosas lindas nos dijo el Papa, que sigan siendo una gran verdad entre nosotros!.