Bendecir


Jueves 10 de Diciembre, 2020

En nuestro tiempo, no pocas personas al saludar o despedir dicen: “bendición”, los hermanos migrantes que han llegado, la pronuncian más que nosotros los chilenos y de ellos lo vamos aprendiendo. Bendecir, decir bien, desear lo mejor, es sin duda un gran regalo que hemos de saber recibir y entregar. El hecho de bendecir es una actitud fundamentalmente cristiana y la Sagrada Escritura nos habla de ello. En las primeras páginas de la Biblia es un continuo repetirse de bendiciones. Dios bendice, pero también los hombres bendicen, y pronto se descubre que la bendición posee una fuerza especial, que acompaña para toda la vida a quien la recibe, y dispone el corazón del hombre a dejarse cambiar por Dios. Para los que creemos, la gran bendición de Dios es Jesucristo, es el gran don de Dios, su Hijo. La vida, los gestos, la palabra, la vida entregada de Jesús, es la gran bendición de Dios para la humanidad.

 Ante la bendición de Dios, también nosotros respondemos bendiciendo: lo haremos con la oración de alabanza, de adoración, de acción de gracias.

Los creyentes no podemos olvidar ni cansarnos de bendecir a Dios y bendecir a los hermanos, bendecir el mundo; que grandioso sería que los padres tuvieran la costumbre de bendecir a sus hijos: esta es la raíz de la mansedumbre cristiana, la capacidad de sentirse bendecidos y la capacidad de bendecir. Si todos nosotros hiciéramos así, seguramente no existirían las guerras. El Papa Francisco nos enseña: “Este mundo necesita bendición y nosotros podemos dar la bendición y recibir la bendición. El Padre nos ama. Y a nosotros nos queda tan solo la alegría de bendecirlo y la alegría de darle gracias, y de aprender de Él a no maldecir, sino bendecir.  Y aquí solamente una palabra para la gente que está acostumbrada a maldecir, la gente que tiene siempre en la boca, también en el corazón, una palabra fea, una maldición. Cada uno de nosotros puede pensar: ¿yo tengo esta costumbre de maldecir así? Y pedir al Señor la gracia de cambiar esta costumbre para que nosotros tengamos un corazón bendecido y de un corazón bendecido no puede salir una maldición.” Que el Señor nos enseñe a no maldecir nunca sino a bendecir. Que de nuestra boca no salgan palabra desidificantes sino las que sirven para animar, consolar, hacer bien. Hoy más que nunca y en el ambiente que vivimos como país, y en este tiempo de Navidad, procuremos que nuestro mejor regalo sea el buen trato y la capacidad de decir bien de los demás, de acoger lo bueno de los otros, de desearles lo mejor y no dejarnos llevar del egoísmo, violencia, odio, que nos impiden ver que cada persona tiene una cuota de bendición para entregar.

Si entendemos que la bendición es una gracia que recibimos de Dios y en su nombre podemos dar a los demás, que importante sería que los cristianos bendijéramos más y más que decir. “bendición”, poder decir “Dios te bendiga” y que los padres junto con decir estas palabras pudieran trazar la señal de la cruz sobre la frente de sus hijos.

Te recuerdo aquella bendición que nos enseña la Biblia y que luego San Francisco hizo tan suya y que en algunos momentos podemos cada uno de nosotros pronunciar:

“Que el Señor te bendiga y te guarde, que el Señor te mire con agrado y te muestre su bondad, que el Señor te mire con amor y te conceda la paz”.