Solidaridad


Lunes 17 de Agosto, 2020

Mañana los católicos y los chilenos todos, recordaremos a San Alberto Hurtado, campeón de la solidaridad y quien con su ejemplo y motivación nos anima a vivir esta virtud con alegre entrega.

 San Juan Pablo II  dijo: “La solidaridad implica sentir la pobreza ajena como propia, hacer carne de uno mismo la miseria de los marginados y, a la vista de ellos, actuar con rigurosa coherencia”. Muchos santos a lo largo de la historia dan testimonio que sus vidas, han cambiado cuando sus vidas han entrado en contacto con las personas que sufren, y con aquellos que viven la exclusión y la marginación. Francisco, Teresa de Calcuta, Alberto Hurtado lo corroboran. También no creyentes experimentan el gozo de servir, y crecen en humanidad precisamente sabiendo sentir con el otro. En este tiempo de pandemia se ha puesto de manifiesto como muchas vidas son movidas por el servicio fraterno y no son pocos los que escriben hoy acontecimientos decisivos de nuestra historia, porque han comprendido que nadie se salva solo, son los que sirven heroica e incansablemente e en los hospitales, en los trabajos, en los hogares sembrando serenidad y esperanza con su entrega y oración. No somos autosuficientes, no podemos solos salir adelante, necesitamos de los demás, quiera Dios que esto no se nos olvide cuando pase la pandemia, sino que nos sintamos siempre motivados a servir con la fuerza de la solidaridad y el ancla de la esperanza en medio de las contrariedades que, en todo tiempo, de alguna manera se harán presente en nuestras vidas. Este hoy que vivimos, es tiempo de trabajar en lo que podamos por los demás. No es tiempo de bajar los brazos, sino de servir con creatividad. Ahora es tiempo de cultivar el derecho a la esperanza. No a una esperanza meramente humana en que “todo irá bien”, no es un optimismo, no es una palmadita en la espalda o una palabras de ánimo, sino una esperanza nueva, que nos viene de Dios y que nos invita a no desfallecer, sino a construir en medio del dolor y la adversidad con la certeza que llevamos los creyentes  y que nos señala que todo contribuye para el bien de los que aman a Dios, incluso lo adverso, porque la vida de Dios se hace presente incluso en la muerte.

Que San Alberto Hurtado ruegue para que en esta su patria, todos podamos entender que nos necesitamos unos a otros, que nadie sobra, que todos tenemos derechos y deberes por los cuales hemos de trabajar con responsabilidad y compromiso solidario. Nadie se salva solo.